PND: un golpe al cortoplacismo

Emilio Álvarez Montalván

Siempre se dijo que el estilo es el hombre; apotegma una vez más confirmado con el Plan de Desarrollo propuesto por el presidente Bolaños. En efecto, este plan tiene todos los elementos de su carácter. Por de pronto muestra la confianza imperturbable que tiene de sí mismo el gobernante, aunque es evidente que el plan trasuda idealismo, matizado de ingenuidad. No obstante, su empeño es encomiable y las contradicciones de su personalidad se compensan con su perseverancia. Sin embargo, la tarea que le aguarda es formidable, pues si bien el plan enseña patriotismo, carece de tres elementos: apoyo político para efectuar las reformas institucionales, recursos fiscales suficientes e incertidumbre sobre su continuación por administraciones posteriores.

La primera pregunta que surge es, ¿somos capaces los nicaragüenses de realizar un desarrollo a largo plazo, dado el faccionalismo, personalismo y cortoplacismo que caracteriza a nuestra atrasada cultura política? La respuesta es afirmativa.

Basta recordar los 30 años de la República Conservadora (1858-1888), cuando seis presidentes, sin mediar una estrategia escrita y contando sólo con recursos nacionales, consiguieron en seis lustros consecutivos paz, desarrollo y respeto a las libertades, aunque no fuese un régimen de democracia perfecta, sobre todo en lo social.

La situación del presidente Bolaños es diferente:

a) una gran crisis económica heredada; b) una Asamblea Nacional dominada por una doble fuerza opositora; c) depresión globalizada; d) gran demanda social con libertad de expresarla. Tiene a su favor el prestigio de su transparencia, una ayuda internacional que puede ser significativa, un proyecto con visión de país y, sobre todo y por primera vez, un desarrollo integral a largo plazo. En otras palabras, una “hoja de ruta”, a sabiendas de que su resultado maduraría hasta en la próxima generación. Tradicionalmente hemos procedido al contrario, o sea salir del paso improvisando soluciones y ejecutando retazos desconectados.

Sin embargo, ¿qué condiciones conducirían al éxito del PND? La primera es que aceptemos el texto como una hipótesis de trabajo que provoque amplia discusión, pues rechazarlo de entrada es tan absurdo como adoptarlo sin reservas. Lo segundo es que contenga una visión integrada del país, sobre todo de la región Atlántica. Lo tercero, que sea balanceado en tres elementos: inversión en infraestructura con fines de aumentar la producción, educación de la fuerza laboral, atención de las prioridades de la demanda social, y detener la destrucción de nuestro ecosistema. El cuarto factor es que los inevitables sacrificios no recaigan todos sobre los segmentos débiles. Y el quinto, que pueda financiarse, lo cual constituye su talón de Aquiles, y que reciba apoyo de las fuerzas políticas para los cambios institucionales.

¿Reúne en lo general el plan aquellos requisitos? Pienso que a medias, porque la propuesta si bien contiene un inventario de necesidades recogidas en todo el país, con minuciosidad plantea respuestas realistas y no de escritorio, presenta vacíos. Hace falta, por ejemplo, cuantificar las metas en salud, educación (sobre todo en técnicos) y producción de alimentos.

Finalmente, debe prever el plan medidas efectivas para defender el bosque nacional. El otro problema es su financiamiento. Si aceptamos que la mitad de las inversiones estatales son de origen externo, es esencial el respaldo de la comunidad donante. Sin embargo esos gobiernos pueden cambiar, y los nuevos tener una visión diferente de la ayuda. Sobre todo exigirán que el plan sea apoyado por los sectores sociales influyentes. Por tanto, además de la consulta interna que debe tener una estrategia de amplia difusión y consulta (empezando por colocarlo en la página web del gobierno), es indispensable escuchar la reacción de la comunidad donante.

El autor es académico de la Lengua y de Historia, y analista político.

Editorial
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