Roman, Times, serif»>
Menores libertinos
Poco o nada se habla ya en los medios de comunicación social sobre el caso de las menores que supuestamente practicaban, en un motel de Managua, actos sexuales y sesiones de pornografía con un prominente personaje político nacional.
La discreción se debe tal vez a que es un delito del que la sociedad se avergüenza, o porque no se quiere lastimar más los sentimientos y la reputación de las familias afectadas, o porque el principal acusado es un conspicuo personaje público. Como sea, lo importante es que la justicia esclarezca los hechos, deslinde culpas e inocencias y castigue a quienes se lo tengan merecido.
Por otro lado, como se dice popularmente, Dios sabe lo que hace y, en efecto, pareciera providencial que este bochornoso asunto saliera a la luz pública precisamente cuando la sociedad se ha visto envuelta en una apasionada discusión acerca de un manual para la educación sexual de los niños y adolescentes de Nicaragua.
En realidad, uno de los aspectos más controvertidos en el debate público sobre el manual oficial para la educación sexual de los niños y los adolescentes, es la trivialización que hacen algunas personas y sectores que se adjudican la representación de la llamada sociedad civil, de la relación carnal entre hombre y mujer incluyendo a los menores de edad. Éstos, partiendo del criterio de que la educación sexual es más que todo un problema de salud corporal, prevención del embarazo y control del crecimiento poblacional, querían que el manual se aplicara como estaba antes de que el Presidente de la República ordenara su revisión e incorporación de las propuestas presentadas por quienes plantean que es necesario promover la abstinencia y la castidad de las y los muchachos, hasta el matrimonio o la unión conyugal de hecho.
Sin embargo, la denuncia pública de las orgías sexuales entre varias chavalas menores de edad y un hombre mayor demuestra lo que podría ocurrir en gran escala en Nicaragua, si se les imparte a los niños y adolescentes una “educación” sexual trivializada y enfocada sólo a evitar embarazos y enfermedades derivadas de la relación carnal.
En efecto, si la educación sexual a los niños y adolescentes se basa únicamente en los aspectos científicos y excluye la inconveniencia moral de las relaciones carnales prematuras, si el único énfasis se pone en usar preservativos y escoger mejor a la pareja, el resultado que inevitablemente se obtendría es que muchas más niñas y adolescentes se involucrarían en actos sexuales y no sólo con chavalos de su misma edad, sino también con individuos mayores. Y, lógicamente, mientras más sean los menores que practiquen el “sexo seguro”, mayor será el número de aberraciones en los que se vean envueltos los y las menores de edad.
Relaciones carnales entre menores y entre éstos y personas mayores, siempre han habido, lo mismo que violaciones sexuales de niñas y niños. Según los expertos, la práctica y la agresión a niños y adolescentes es un delito que cometen individuos que padecen perturbaciones síquicas. Y las padecen también quienes se pervierten desde temprana edad y practican la prostitución infantil de manera voluntaria o inducidos u obligados por padres y madres desnaturalizados, o porque son engañados por adultos extraños que padecen de extravío sexual.
La pobreza no justifica el libertinaje. Eso se debe explicar a los niños y adolescentes mediante una genuina e integral educación sexual, y no trivializar las relaciones carnales como pretenden algunos. Y por eso mismo resulta absolutamente inaceptable que mientras en los hogares los padres y madres responsables tratan de educar a sus hijos en sólidos principios morales, en las escuelas se les des-eduque con la vulgarización de las relaciones sexuales, presentándolas sólo como un problema de salud física y conveniencias de control natal.
La escuela pública en Nicaragua, todo el mundo lo sabe, es sumamente mala en la instrucción que se le imparte a los estudiantes, ya no digamos en educación, que prácticamente no existe y la poca que hay sería barrida por la preparación sexual que se ha pretendido oficializar. Y entonces casos como el del motel Villa Amor no serían ya escandalosos, sino tan corrientes como mirar a muchos niños y adolescentes fumar e ingerir bebidas alcohólicas.