El “show” de Cancún

Ronald Baileywww.aipenet.com

CANCÚN, MÉXICO.- Justicia, puestos de trabajo, los hijos y el medio ambiente fueron algunas de las razones que dieron los globalifóbicos en Cancún para manifestar día tras día y lanzarse contra las barricadas policiales. Por eso gritaban y marchaban, pero ni siquiera los ministros de los países pobres que asistieron a la conferencia de la Organización Mundial del Comercio les prestaron atención. Estas protestas son dramas callejeros que disturban las actividades normales del lugar, sólo producciones teatrales para beneficio de los medios de comunicación.

Los activistas se entusiasmaron con su éxito aparente de hace cuatro años, durante la conferencia ministerial de la OMC, en Seattle.

La conferencia fracasó no porque los activistas lograron bloquear temporalmente el ingreso al centro de convenciones, sino porque los ministros estaban muy lejos de lograr un acuerdo respecto al curso de las negociaciones.

Sin embargo, en cada cumbre de este tipo podemos esperar a decenas de miles de manifestantes. Y eso lo agradecemos los periodistas porque la verdad es que por más importantes que sean estas negociaciones internacionales, siguen siendo extraordinariamente fastidiosas.

Los manifestantes son noticia. Expresan mensajes fáciles de comprender, abundan los carteles de colores y los jóvenes fotogénicos, mientras que las divergencias parecen simples. Pero ahora los miembros más listos de las ONG hacen sus manifestaciones en los salones de prensa, de manera que los periodistas no tengan ni que levantar la cabeza de sus computadoras para reportar las “noticias”. Y los activistas saben que las cámaras de televisión logran que un par de docenas de manifestantes parezcan toda una multitud.

Ahora las grandes conferencias internacionales, como las reuniones del G8 y la Cumbre de Desarrollo Sostenible del año pasado en Johannesburgo, se llevan a cabo detrás de barricadas policiales. El gobierno mexicano desplazó en Cancún cañones antiaéreos y hasta barcos de guerra.

Ante tal grado de seguridad, las protestas son callejeras. Durante la conferencia de Cancún, por ejemplo, un día unos 1,500 manifestantes marcharon al kilómetro cero, la entrada a la zona hotelera. Por horas merodearon frente a las altas cercas metálicas instaladas por la Policía, cantando y mostrando sus banderolas. Tras la barricada, los policías sonrientes seguían el ritmo de la música con un cierto zapateo. De repente se paró el canto de los manifestantes y los policías de inmediato se pusieron serios y levantaron sus escudos. Unos segundos después les lanzaron toda una descarga de huevos.

Un grupo de estudiantes que parecían europeos se montó sobre la barricada metálica para amarrar unas cuerdas y los fotógrafos se acercaron para fotografiarlos. Luego, gritando, lograron derrumbar parte del cercado y los policías corrieron a impedirles el paso. Los pocos que lograron traspasar la barrera fueron arrestados y otros resultaron heridos. Para las 3:30 p.m. todo estaba tranquilo y las barricadas fueron abiertas para permitir el tráfico normal de automóviles.

La verdad es que si los globalifóbicos creen que la política es el camino para crear empleos y lograr justicia, deben quedarse en casa y utilizar su energía en hacer campaña para elegir a líderes que voten en las Cumbres como ellos quieren. Aquí en Cancún perdieron el tiempo.

El autor estuvo de corresponsal de AIPE en Cancún.

Editorial
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