El “Plan Bolaños”

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El “Plan Bolaños”





La propuesta del presidente Enrique Bolaños, de un Plan Nacional de Desarrollo para los próximos años, provocó como era de esperarse diversas reacciones, positivas y negativas, siendo la peor la de los dirigentes de su propio partido, el PLC, que ahora es de oposición.

Sin embargo casi todos los sectores económicos, sociales y políticos acogieron la propuesta con apertura y razonables reservas y anunciaron que presentarán sus propuestas para la versión definitiva del Plan Nacional de Desarrollo, que sin dudas tiene vacíos y defectos pero posee la virtud de proponer a la sociedad nicaragüense la posibilidad de emprender un derrotero que la pueda sacar de la situación de atraso y pobreza extrema.

Como muy bien dice el afamado escritor brasileño y columnista internacional, Paulo Coelho, citando a Carlos Castañeda, “el gran poder del ser humano está en su capacidad de tomar decisiones, pues cada decisión que tomamos nos permite modificar el presente y el futuro”.

Ciertamente, lo peor que se puede hacer es cruzarse de brazos en vez de arriesgarse a tomar decisiones, maldecir la oscuridad en vez de buscar cómo encender la luz, esperar que el Gobierno y la comunidad internacional nos resuelvan los problemas en vez de buscar cómo resolverlos nosotros mismos.

Ahora bien, entre los puntos oscuros e insuficiencias que se advierten en la propuesta para un Plan Nacional de Desarrollo que el presidente Bolaños presentó a la nación el viernes 12 de septiembre, sobresale el de que no se dice cuánto costaría ejecutarlo ni cómo se financiaría. Tampoco se dice cómo resolver el grave problema —que el presidente Bolaños mencionó en declaraciones que dio a LA PRENSA después de presentar su propuesta— del crecimiento excesivo de la población, que cada año incorpora más de cien mil personas al mercado laboral.

Por supuesto que esos vacíos pueden y deben ser llenados con los aportes de los diversos sectores de la sociedad nicaragüense, si es que la propuesta del presidente Bolaños no se queda abandonada y almacenada en los anaqueles de los grandes proyectos, como ha sucedido siempre que se ha tratado de determinar metas de largo plazo a una sociedad que está impregnada de inmediatez, cortoplacismo y falta de perseverancia. Además, el presidente Bolaños tiene que luchar contra la gran adversidad que representa el hecho de que los poderes públicos —aparte del Ejecutivo— están controlados por personas subordinadas a los caciques de la política criolla, a quienes no les interesa que el país comience a salir adelante bajo el actual Gobierno, sino más bien quieren que fracase para tener —ellos— mejores posibilidades de recuperar la Presidencia de la República.

No cabe ninguna duda de que para ser viable el Plan de Desarrollo Nacional debe ser sostenido de manera integral y solidaria por toda la sociedad, con participación de los diversos sujetos y actores de la vida nacional: el Estado, los partidos, las organizaciones de la llamada sociedad civil, y los ciudadanos en lo particular, cada quien en su propio ámbito de acción. Y por lo tanto es indispensable hacer que los políticos que controlan los poderes Legislativo, Judicial y Electoral trabajen en pro de la propuesta del Plan de Desarrollo Nacional, y que quienes sustituyan a los actuales gobernantes le den continuidad y no lo arrojen al barril de la basura. ¡Menuda tarea!

Para eso lo más importante de todo es hacer que la gente se apropie de las grandiosas metas del Plan que presentó el presidente Bolaños el viernes pasado, persuadirla de que hay que trabajar duro y ser disciplinados, competitivos y eficientes. Y el mismo Gobierno debe autoconvencerse de que es necesario limitar la injerencia política en la economía, proteger de verdad los derechos de propiedad privada, cumplir la palabra empeñada, respetar los contratos y honrar las deudas. La amoral “máxima” de “firmar me harás, cumplir jamás”, debe ser desterrada de la cultura nicaragüense. Sólo así será posible seguir el camino de los países que definieron un proyecto nacional y ahora cosechan los frutos.

Si ellos lo lograron nosotros también podemos conseguirlo. Pero, ¿cómo hacerlo si al mismo tiempo que el Presidente lanza el Plan de Desarrollo Nacional, su Gobierno decreta un asueto prolongado y desastroso para la precaria economía nacional?

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