Podemos ser más fuertes

César Membreño Navarro*

“Pasa la historia sus hojas de Nicaragua, una a una y no se encuentra ninguna, en donde no haya congoja”.

Así cantaba el poeta la tragedia de nuestra historia, que desafortunadamente se ha debatido entre cuartelazos, guerras civiles, golpes de Estado y asesinatos políticos. A 182 años de nuestra independencia hemos heredado una sociedad en crisis, en la que los extremismos, la intolerancia y los intereses de grupos nos tienen sumidos en una crisis moral y cívica, de la que apenas empezamos a recuperarnos.

Infructuosos fueron los sueños y esperanzas de patricios como Larreynaga, José Cecilio del Valle y Matías Delgado, que nos heredaron la Patria grande: Centroamérica. Pudieron más los intereses caudillistas y las rivalidades provincianas que la nobleza y los ideales de los próceres.

Corrientes conservadoras de la época después de alcanzada la independencia política de España, prohijaron la desdichada anexión al imperio mexicano de don Agustín de Iturbide, luego vino la noche negra del año 1838 en que se produjo el “fraccionamiento suicida” y dejó de existir la Patria Grande, para desgracia y triste recordación.

Vanos fueron los intentos de grandes centroamericanistas por restaurar la unión e infructuosa la sangre derramada a lo largo de un siglo: siempre triunfó el interés mezquino de los separatistas en los que privó el sentimiento del “cacique” que aún llevan dentro, que la magnitud de una Patria hermosa y soberana.

Triste destino el de estos “cinco cachorros dispersos” como les llamó nuestra máxima gloria nacional, Rubén Darío, en su Oda a Roosevelt, frente al gigante de ojos azules, que no vaciló en atender el llamado banderizo y partidario local para manchar con sus plantas esclavistas, el sagrado suelo nicaragüense.

William Walker fue el producto de las querellas internas de grupos banderizos, que prefirieron empeñar la soberanía nacional a someterse al gobierno de la “legitimidad o muerte”, lo que devino en la Guerra Nacional, de triste recordación.

Gracias a Dios y a la cordura que por fin brilló en la mente de los líderes rivales, ambos bandos convinieron en deponer sus diferencias y unir sus fuerzas contra el filibustero invasor, acuerdo que se plasmó en el pacto de los partidos, suscrito el 12 de septiembre de 1856. Nuestro no muy lejano ancestro coronel, abogado y filósofo Máximo Jerez, de esa manera borraba un penoso capítulo de su azarosa vida.

Ya para entonces, la solidaridad centroamericana se había hecho sentir porque los cuatro países hermanos de Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica, viendo amenazada su libertad y soberanía, se habían hecho presente con sus tropas, para apoyar a la Nicaragua vejada por plantas extranjeras y expulsar al filibustero invasor, Walker y sus secuaces, fueron expulsados del país y fue fusilado en Trujillo en septiembre de 1860.

De entonces a la fecha han transcurrido siglo y medio. Hoy soplan vientos nuevos. El filibustero William Walker se manifiesta en forma de subdesarrollo, pobreza, analfabetismo, desempleo y corrupción que ponen en peligro a las generaciones futuras.

Por eso aplaudimos y compartimos el interés de los países del área por encontrar caminos de integración, conservando nuestras propias individualidades; lo que en otras palabras podríamos llamar unidad dentro de la diversidad.

Hoy somos centroamericanistas, somos región, hermanos, caminamos juntos. Comunes son nuestras dificultades como las esperanzas hacia la consecución de la prosperidad para nuestros pueblos. Hoy no son los gigantes de ojos azules; el invasor de bota y chistera, ya no es el mismo.

A diario la acetona y la magia electrónica penetra hasta nuestros hogares; las fronteras —que no deben ser fronteras— son violadas por productos extraños, encaminándonos hacia una defensa como región, como centroamericanos.

Drogas, malos hábitos, imitaciones desafortunadas y otras tantas ideas exóticas pretenden empañar el azul y blanco de nuestros cielos.

Somos fuertes cuando levantamos nuestra mano, pero si todos lo hacemos a la vez, aún seremos más fuertes.

* El autor es ex Viceministro de Educación.

Editorial
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