- El derrumbe de las Torres Gemelas, de Nueva York, tras un atentado terrorista hace dos años, fue el principio del fin de las reglas del juego planetario del orden surgido en 1945, con el fin de la II Guerra Mundial, que de algún modo evitaron una conflagración nuclear
Eduardo Marenco Tercero [email protected]
“Somos testigos de una crisis mundial”, advierte el doctor Alejandro Serrano Caldera, filósofo y analista político nicaragüense, para quien la invasión unilateral de Estados Unidos a Irak, no solamente resquebrajó la unidad de la “vieja Europa”, sino además, hirió profundamente el papel de la Organización de Naciones Unidas (ONU) a favor de la paz; y en definitiva, puso en cuestión “las reglas del juego” que evitaron un conflicto nuclear durante la Guerra Fría.
La crisis mundial tiene su expresión, agrega, en los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001, que motivaron la represalia norteamericana contra Afganistán –con apoyo de la ONU– y contra Irak, sin el apoyo del Consejo de Seguridad de la organización.
CAUSAS DEL DESORDEN: UNA GUERRA BÍBLICA EN EL SIGLO XXI
El núcleo de los conflictos que irradia inestabilidad al resto del mundo, asevera Serrano Caldera, es el conflicto israelí-palestino, el cual motivó en gran parte el ataque contra las Torres Gemelas por un sector extremista del mundo islámico que identifica a Estados Unidos como “El Gran Satán” y el gran aliado de Israel.
A su juicio, los atentados del 11 de septiembre tienen una raíz profunda en un “resentimiento religioso y civilizatorio” originado por el conflicto israelí-palestino, como lo muestra una de las declaraciones de Osama Bin Laden después del ataque contra las Torres Gemelas: “No vamos a permitir que se repita la tragedia de Andalucía (Granada)”, dijo, en referencia a la batalla decisiva que sufrieron los moros y que desembocó en su expulsión de España.
El conflicto israelí-palestino, añade, “es una guerra del Viejo Testamento en pleno siglo XXI porque desde la época bíblica, israelitas y palestinos se están peleando por razones religiosas y el control de un territorio”.
En esa guerra todos los ciudadanos de la “Aldea Planetaria” como la profetizara Marshall McLuhan, agrega, somos testigos del “terrorismo cotidiano” de ambas partes. “A un coche-bomba (palestino) le sigue un bombardeo (israelí)”, resalta el filósofo nicaragüense, en un cuento de nunca acabar. “Pareciera que creyeran que la paz se logrará cuando un pueblo extermine al otro”.
LAS OTRAS CAUSAS DE LA GUERRA
Sin embargo, acota Serrano Caldera, hay otras razones para que Estados Unidos invadiera Irak: el control del petróleo del segundo mayor productor del mundo y el control de Medio Oriente desde Irak. Pero ni se ha logrado terminar de controlar Irak y ni la otra meta de la administración del presidente George W. Bush: un acuerdo de paz en el conflicto entre Israel y Palestina.
Por otra parte, la cacería de Bin Laden y Saddam Hussein tampoco ha rendido sus frutos, pues ambos siguen “vivitos y coleando” en algún oscuro rincón, sin olvidar que las razones que Bush enarboló para hacer la guerra contra Irak –los nexos de Hussein con Al Qaeda y las armas de destrucción masiva–, no han sido probadas.
Irak, insiste Serrano Caldera por su lado, sigue siendo una tierra sin ley donde un día se atenta contra la sede de la ONU ocasionando más de ochenta muertos, y donde a diario, las tropas estadounidenses sufren bajas, a cuentagotas.
UN “CHOQUE DE CIVILIZACIONES”
De alguna manera, expresa Serrano, hay sectores extremistas del Islam que ven en el enfrentamiento con Estados Unidos, una “guerra santa” contra “El Gran Satán”, lo cual hace pensar, en la tesis del “Choque de Civilizaciones” planteada por Samuel P. Huntington, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Harvard.
Cuando el presidente Bush reaccionó afirmando que su país libraría una batalla contra “El Eje del Mal” (Corea del Norte, Irán e Irak) también estaba haciendo uso de un lenguaje bíblico para soportar su política exterior, advierte. “Ha hecho uso de un lenguaje religioso fundamentalista”, anota.
De algún modo ha quedado en claro que un sector de la población ve este conflicto como una batalla entre la civilización judeo-cristiana y la civilización musulmana, recalca.
“El fin de la guerra (en Irak) no ha significado el comienzo de la paz, o por decirlo de otra manera, la guerra empezó cuando se anunció que había terminado”, indica Serrano Caldera, en relación al anuncio hecho el 1 de mayo por George Bush de que ésta ya había acabado. Meses después se ha visto obligado a solicitar US$87 mil millones de dólares para continuar en Irak y Afganistán.
Serrano Caldera explica que si bien los gobiernos no plantean estos conflictos como un choque de civilizaciones, un sector de la población musulmana piensa distinto.
“Estamos en el siglo XXI con las causas de las Cruzadas (medievales), sólo que estas Cruzadas son con bombas atómicas y bombas inteligentes”.
UNA PROPUESTA
Alejandro Serrano Caldera no pierde el aliento a pesar de la crisis y plantea un “nuevo contrato social planetario” para superarla. Este nuevo Contrato Social, inspirado por las ideas de Jacobo Rosseau, implicaría:
Un acuerdo de paz entre Israel y Palestina.
Reforma y rehabilitación de la ONU.
Un acuerdo mundial para mantener la paz.
“VIVIMOS EN UN POLVORÍN”
¿Qué esperar del futuro? La respuesta de Serrano Caldera no es alentadora: “Estamos en una terra incógnita, solamente nos queda la certeza de que el mundo en el que vivimos es un polvorín”.