Guillermo Miranda Martínez
Cuando don Enrique anunció con bombos y platillos su lucha contra la corrupción, sobre todo aquello de que nadie estaría por encima de la ley, juro por Dios que le creí. Pero con el correr de los meses no sólo perdió mi confianza sino también la de centenares de miles de nicaragüenses que hoy lo tienen en un menos cuatro por ciento de credibilidad.
Tratando de ser lo más objetivo posible, he leído y escuchado cuanto comentario se ha vertido sobre el tema. Las conclusiones que he sacado y que son el motivo de este artículo no son halagüeñas para las leyes, mucho menos para la justicia. Nadie puede negar que el juicio contra la familia del doctor Arnoldo Alemán ha sido el centro de la atención del Gobierno del presidente Bolaños. Al respecto creo que el ingerencismo que el Ejecutivo ha demostrado en su afán de lograr una condena contra el doctor Alemán lo han llevado a violar o hacer violar cuanta ley se le ha puesto enfrente. No importando si ésta es de carácter ordinario o constitucional.
Desde la sustitución de la Directiva de la Asamblea Nacional, pasando por el desafuero del doctor Alemán, la forma en que se han llevado los juicios, hasta culminar con la sentencia y la decisión de llevarlo a la cárcel, en toda esa ruta están las huellas del Presidente y del señor Daniel Ortega. Esto me lleva a afirmar que aquí triunfó cualquier cosa menos la justicia.
La más reciente sentencia de la Corte Centroamericana de Justicia me llenó de mayor tristeza ya que quedó demostrado que este organismo supra regional que debería impartir justicia sin importar quién sea el que la solicita, también es influenciable. Les juro que sé por qué hago esta afirmación.
Pero en el afán de destruir al doctor Alemán y al partido liberal, ni don Enrique Bolaños ni sus noveles asesores se dieron cuenta que estaban quedando a merced del Frente Sandinista. Hay que recordar que en la sentencia del caso conocido como la “guaca” aparece el delito electoral, el cual amenaza con convertirse en el próximo dolor de cabeza de don Enrique. Estoy seguro que todos los politólogos y analistas que en Nicaragua abundan como epidemia ya lo habrán advertido, pero por si acaso los invito a reflexionar sobre lo siguiente. Se acuerdan de cuando se comenzó a hablar de delitos electorales y nuestro Presidente convocó a una conferencia de prensa y si mal no recuerdo dijo: “Yo jamás me ocultaré detrás de las faldas de ninguna inmunidad”, y acto seguido ofreció deponer la suya al siguiente día. Pues bien, ese día todavía lo estoy esperando y dicha promesa entró a engrosar la ya larga lista de los incumplimientos de don Enrique.
Acto seguido y para encubrir su error y después que sus asesores descubrieron que había suficientes pruebas que podrían truncar su sueño presidencial, salió diciendo que ese era un juicio político y que por lo tanto sus asesores lo habían convencido de no renunciar. Mi pregunta a don Enrique es: ¿Y el juicio que se le está siguiendo al doctor Alemán, qué es, señor Presidente? Si mal no recuerdo en las sagradas escrituras aparece una referencia a que con la misma vara con que medimos seremos remedidos. Y si don Enrique no ha reparado en hacerle cuanta concesión el Frente Sandinista le ha pedido, para el futuro ya se puede ir preparando, porque de aquí en adelante conocerá en carne propia el apetito del sandinismo. Y de esto sabe mucho el doctor Alemán.
Para finalizar quiero dejar como reflexión al pueblo las consecuencias que para la democracia pueden traer un gobierno sin apoyo popular, sin credibilidad y a merced del chantaje del FSLN. Cuan grande suenan las palabras del presidente del Cosep, doctor Anastasio Somarriba, cuando dijo: “Siento lástima por Nicaragua cuando veo al hombre que más daño le ha hecho a dos generaciones de nicaragüenses, manipulando la justicia a su antojo y siendo celebrado por el gobierno de la nueva era”.
El autor es miembro del Comité en Defensa de los Derechos Humanos y Justicia para Arnoldo Alemán.