“Zé Pequeño”

Freddy Potoy [email protected]

Todavía están presentando en los cines de Managua una película titulada Ciudad de Dios. Es una historia basada en la cruda realidad que han vivido muchas personas en las favelas (similar a los asentamientos en Nicaragua) de Brasil.

Es una película con escenas de mucha violencia. Una historia bastante descarnada. Por ejemplo, un niño de unos diez años para pertenecer a una de las pandillas que dominaban la favela Ciudad de Dios tenía que matar a otro pequeño de unos 8 ó 9 años. Esa era su consagración.

Gente desplazada de otros lugares, desempleadas y sin ningún futuro, eran trasladadas a ese lugar. Aunque las casas que se construyeron se ven relativamente buenas, el abandono en que los sumerge el Estado es impresionante. Los robos, la venta de marihuana y de cocaína y demás actos ilícitos que se dan en la Ciudad de Dios son combatidos con la fuerza policial, que de paso, es corrupta. Esta historia me parece conocida en Nicaragua con varios uniformados.

Quizás muchos ya han visto esta película, pero quienes aún no, les recomiendo que la vean. Sobre todo gente como Daniel Ortega y su séquito, igual que los liberales, los mandos policiales, el Presidente, los ministros y sus asesores.

Si se piensa seriamente en el país, a esta película se le saca provecho, pero a la gente que sólo cobra sus cheques cada mes y halaga a sus superiores en las instituciones del Estado, pues no les resultará agradable. No me gusta teorizar ni poner de ejemplo a otros países con sus cifras. No me gusta ir lejos. Veamos nuestra realidad y después teoricemos, si se pretende hacer gala de los filósofos y los teóricos de la desgracia humana.

En Nicaragua hemos oído testimonios crudos de muchos pandilleros sobre lo que tienen que hacer para sobrevivir. Hemos leído historias crudas de jóvenes criminales. Pero el asunto es que hay una responsabilidad colectiva en el proceso de formación y desarrollo de la sociedad que se pretende mejorar.

En la película hay un personaje que siendo un niño, en la favela le llamaban Dadito. Luego éste emigró y se convirtió en un connotado criminal y luego llegó a ser el jefe de la pandilla más sanguinaria de Ciudad de Dios. Un brujo lo consagró como Zé Pequeño.

Mientras la gente del Gobierno, Daniel Ortega, Arnoldo Alemán y otros políticos aprovechados sangran al Estado cobrando sus astronómicos salarios por mantener en zozobra al país, cada día surgen más Daditos que luego se convierten en Zé Pequeño y la ciudadanía paga las consecuencias.

Quizás guardando las distancias, y no mucho, al ver esta película pensé en asentamientos como Nueva Vida, o los barrios Jorge Dimitrov, René Schick, Hialeah, el “Barrio Maldito” que quedaba frente al Ministerio del Trabajo (hacia el oeste de la llamada Avenida Monumental que va del Estadio Nacional hasta topar con la Calle de El Triunfo), Los Pescadores, Acahualinca o El Manchester.

Y qué decir de “Los Mocosos”. Es un grupo de niños que pistola en mano celebraban que la pandilla de Zé Pequeño y la de Zanahoria se exterminaron a balazos. Ellos fueron los “herederos” de la Ciudad de Dios.

Editorial
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