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El mito de los temas fundamentales
A los nicaragüenses se nos critica porque supuestamente somos demasiado politizados, que hacemos de la política el tema fundamental de todas las discusiones y preocupaciones, y de que descuidamos lo verdaderamente importante que es el desarrollo económico y social.
Pero es un mito eso de que los nicaragüenses sólo nos empeñamos a la política, o que en todo caso descuidamos los asuntos verdaderamente importantes, derivado del hecho de que durante mucho tiempo nos dedicamos a hacer guerras civiles y dar golpes de Estado, a promover revoluciones y contrarrevoluciones, mientras las naciones vecinas se dedicaban a trabajar. Y por eso ahora Nicaragua tiene un gran atraso con respecto a los demás países centroamericanos.
Sin dudas que ese pasado, que está muy reciente, es un lastre en la vida actual de los nicaragüenses. Pero no es verdad o no es el del todo cierto que hacemos de la política el tema fundamental y que menospreciamos los asuntos verdaderamente importantes para el país. Ésta es una percepción equivocada de quienes ven la realidad nicaragüense de manera superficial y, por lo tanto, incompleta y equivocada.
En realidad, si bien es cierto que los medios destacan en sus primeras planas las noticias de mayor impacto, no las informaciones sobre economía y desarrollo, esto no es un fenómeno exclusivamente nicaragüense. Al respecto, en el año 2000 la prestigiosa universidad estadounidense de Columbia hizo un estudio, cuyos resultados fueron publicados en su revista, sobre lo que llamó Syndrome Dull But Important (SDBI) —o sea, en español, Síndrome de lo insulso pero importante— que afecta a menudo a los periodistas y se manifiesta en que muchos temas que son realmente importantes no se destacan en los medios porque parecen o son aburridos.
No se destacan pero tampoco se omiten. Lo que pasa es que los medios colocan en primer plano las noticias de impacto y ofrecen en las secciones correspondientes las informaciones sobre los temas de interés económico y social, o sea los que parecen dull (tontos) pero son muy importantes para los ciudadanos y la sociedad.
En efecto, si se revisa la sección diaria y el suplemento semanal de Negocios y Economía de LA PRENSA, así como las páginas de Opinión, se puede comprobar con facilidad que los temas fundamentales de la opinión pública nicaragüense no son los sucesos criminales ni la política. Por ejemplo, en los primeros catorce días de agosto publicamos 55 artículos en las páginas de Opinión de LA PRENSA, de los cuales sólo ocho fueron políticos y 47 sobre temas sociales, culturales, agrarios, educación, historia, sexualidad e internacionales. Inclusive, sobre corrupción, que se dice es un tema obsesivo en Nicaragua, sólo se publicó un artículo en ese período. Y en cuanto a la columna editorial, en estos catorce días sólo dos fueron sobre política y uno sobre corrupción.
Por otro lado, es cierto que algunos personajes políticos ocupan regularmente un lugar destacado en los medios de comunicación. Pero no por ser políticos sino por estar envueltos en acusaciones y juicios criminales por corrupción, o porque violan la ley y atentan contra los ciudadanos con sus protestas callejeras. Es decir, porque la política en Nicaragua se ha convertido en un asunto de policías y ladrones, en vez de un medio para promover el bien común como se supone debería ser.
Ahora bien, es comprensible que a los políticos no les guste que se hable de corrupción. Si embargo este problema es fundamental, y de su solución depende en mucho el desarrollo económico y el progreso social. Por eso es que ahora en todas las Cumbres y foros internacionales se discute acerca de la necesidad de luchar contra la corrupción. Los líderes mundiales han comprendido que este problema no es sólo una cuestión ética sino que tiene un costo elevado para la sociedad, sobre todo en países como Nicaragua donde los políticos muestran una tendencia compulsiva a apropiarse de cualquier modo del erario para sus fines personales, e inclusive a robarse o despilfarrar los fondos de la cooperación internacional.
Por eso es que en Nicaragua el problema de la corrupción es un asunto político, y un tema tan fundamental como la economía, la pobreza extrema, la educación sexual y la cultura.