El Tratado de Libre Comercio

Nicasio Urbina

ElCAFTA, o Tratado de Libre Comercio con América Central es el tema más importante de estos tiempos. Por eso no podía empezar la publicación de esta columna con otro tema que no fuera este acuerdo, que de una manera u otra, va a marcar la vida económica de nuestras naciones en el presente siglo, y afectará a todos los nicaragüenses sin distinción.

Mucho se ha escrito sobre este tema, por parte de muy buenas plumas y expertos en asuntos económicos y financieros. Mi humilde opinión de escritor es que no nos conviene la firma de este tratado, aunque en realidad tampoco tenemos ya la libertad de oponernos a su ratificación. Pienso que no debemos firmar el CAFTA debido a que nos ofrece muy pocos beneficios, y nos pone a competir con el imperio más poderoso de nuestro tiempo. La segunda economía más frágil y pobre del continente no puede hacerle frente a la primera economía del planeta.

La obligación de nuestros dirigentes y nuestro gobierno es proteger a todos los ciudadanos, especialmente a los más pobres y vulnerables. Tenemos que proteger a los campesinos que subsisten y alimentan a sus familias, trabajando como peones en una hacienda y sembrando una parcela de maíz o de frijoles. Ese campesino no tiene acceso a créditos, no tiene acceso a tecnologías, a semilla mejorada, a fertilizantes y herbicidas. No tiene ningún tipo de subsidio ni seguros. Su rendimiento por manzana será más bajo que el del granjero de Iowa. Su costo de producción será más alto que el del finquero de Wisconsin, pero ese campesino en nuestro campesino, es un ciudadano nicaragüense. La obligación del gobierno es protegerlo, no únicamente buscar la oferta más baja en el mercado internacional.

En principio creo que el proteccionismo a ultranza es malo, fomenta la mediocridad y la ineficiencia. Pero en este tiempo del capitalismo salvaje, del neoliberalismo desatado, todos los países y las personas tenemos que defender nuestros intereses personales y nacionales. Nuestro campesino no puede competir de igual a igual, con el gringo que tiene subsidios millonarios por parte del gobierno federal de EE.UU., que tiene toda la tecnología que le brinda el Departamento de Agricultura, que tiene los laboratorios para producir semilla mejorada, que tiene supercarreteras para sacar sus productos, y puertos modernos para embarcarlos. Sí, esa libra de maíz es más barata que la que producimos en Boaco, pero para nosotros la primera prioridad debe ser darle trabajo a nuestros ciudadanos. Es preferible pagar la libra de maíz unos centavos más cara para que los campesinos de Nueva Segovia puedan tener ingresos y mantener a sus familias, que importar productos que llevan a la quiebra a los productores nicaragüenses.

No estoy abogando por un sistema proteccionista, basado en el nacionalismo ortodoxo y radical, estoy proponiendo un sistema inteligente y flexible, que proteja la agricultura y la industria nacional, que abra las fronteras nacionales a los productos internacionales, en la medida en que nosotros no los produzcamos y los necesitemos, con períodos de caducidad para los programas de protección, con incentivos para mejorar, con préstamos a tasas de interés razonables, con fáciles micropréstamos para los pequeños empresarios. Pero sin entregarnos abiertamente en los brazos de EE.UU. No hay que ser ilusos. La Casa Blanca no está promoviendo el CAFTA para el beneficio de los centroamericanos. Está buscando el beneficio de sus ciudadanos y el control de nuestro mercado. La Casa Blanca está actuando como debe actuar todo gobierno responsable. Nosotros deberíamos hacer lo mismo.

Desgraciadamente a estas alturas del partido no podemos decirle no al señor Bush. Ningún gobierno centroamericano tiene ni la solvencia moral, ni la fuerza ideológica, ni la conciencia de clase, para oponerse al CAFTA en este momento. Cualquiera de nuestros países que no firme el tratado va a ser visto como un paria en la comunidad internacional. Los amos del Fondo Monetario Internacional le apretarían el pescuezo aún más, hasta ahogarlo, y el gobierno que tenga la valentía de imponerse morderá el polvo rápidamente.

En pocos días los representantes de las diferentes partes se reunirán en Nueva Orleans, la ciudad en que habito, para una ronda más de negociaciones. Ojalá consigamos al menos las mejores condiciones en este pacto mortal. Cuando todos nuestros frijoles vengan de Texas, nuestro maíz de Iowa, nuestro arroz de Louisiana, nuestro cerdo de Carolina del Norte, y nuestro pollo de Mississippi. ¿Qué va a hacer el 60 por ciento de la población de Nicaragua? ¿Sumarse a los ya numerosos plantones en las carreteras mendigando un bocado de comida?

El autor es escritor nicaragüense

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí