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Estados Unidos, el adalid del libre mercado y el esfuerzo individual, borra con una mano lo que hace con la otra. Y eso es nefasto para países como el nuestro.
Primero está el Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos (Cafta). Muy bonito el cuento del “libre” comercio y la ley de mercado y que cada quien se defienda como pueda, trabajando con “eficiencia y ahínco”.
Yo no dudo que si el comercio fuera libre y que la eficiencia fuera nuestra única preocupación, países como Nicaragua, que están en el subdesarrollo o incluso en una etapa anterior a esa, podrían eventualmente salir adelante. Y al fin, de no ser así pues sólo tendríamos a nosotros mismos para culparnos. Pero la verdad es otra.
La verdad es que lo que se llama “libre comercio” está plagado de trabas, cortapisas y trampas que lo convierten en un arma que usa a su antojo el más poderoso.
El pasado 20 de julio el New York Times escribió un editorial sobre el tema, en él quedaba claro que mientras los países ricos no dejen a un lado los subsidios y protecciones a sus agricultores, los países pobres nunca van a salir vía comercio del atolladero en que se encuentran. Ese es el meollo de los Tratados de Libre Comercio con los países pobres. Los temas de propiedad intelectual, normas de origen y esas cosas, son fácilmente solucionables.
El editorial ponía un ejemplo espeluznante. Mientras en los países subdesarrollados como Nicaragua mucha gente vive con un dólar al día. Las vacas de los países desarrollados reciben un promedio de dos dólares al día en subsidios.
Entonces, ¿en qué queda el “cuentecito” de la eficiencia? Ahora que comienza la sexta ronda de negociaciones, que nos bailen ese trompo en la uña, ¿no?
Yo entiendo que ellos defiendan esos subsidios porque el Cafta tendrá que ser aprobado por el Congreso y allá los representantes de verdad responden ante sus votantes. ¿Cómo le van a explicar a sus granjeros y productores que acaban de aprobar un acuerdo para que entre maíz, azúcar y carne a precios más baratos que los que ellos producen?
Pero entonces, que no nos vengan a hablar aquí de “libre comercio”.
Y para terminar de desvirtuar el concepto de que el desarrollo se alcanza sólo con comercio y trabajo duro, y que debemos desechar la idea de vivir siempre de donaciones, ahora se nos aparecen con la idea de los “premios”, sobre todo en la lucha contra las drogas.
A la Policía le dieron un “premio” de 600 mil dólares. Y ahora ofrecen otro “premio” si las autoridades nicaragüenses ayudan a recuperar los millones que ha lavado Marc Harris. Lo peor es que esos “premios” son para que los funcionarios se los repartan como a ellos les parezca. Entonces, ¿dónde queda la famosa institucionalidad con la que a cada rato nos aleccionan, si más bien lo que están fomentando es la corrupción?
Olvídense de “premios”, que aquí a cada quien ya lo remuneran para que haga su trabajo y si en realidad quieren ayudarnos a progresar, abran sus fronteras para que podamos vender nuestros productos. No nos subsidien, no nos regalen nada, pero eliminen los subsidios de allá. Y si eso no es posible, entonces que Centroamérica use aranceles para proteger a sus productores donde Estados Unidos usa subsidios para proteger a los de ellos.
Como dice el dicho: o todos en la cama, o todos en el suelo.