Del diente al labio

Julio León Báez

Que fácil le resultó al señor Daniel Ortega pedir perdón a la Iglesia Católica, después de haberla avasallado por más de una década. El señor Ortega, como buen ateo, no sabe que la Santa Madre Iglesia exige, para perdonar al pecador, el cumplimiento de cinco condiciones:

1. examen de conciencia; 2. dolor de los pecados; 3. propósito de enmienda; 4. confesión de los pecados; y, 5. cumplir la penitencia.

La Iglesia Católica niega la absolución al pecador si falla a una de esas condiciones. ¿Cuál cumplió el señor Ortega? ¿Cree el señor Ortega que el pueblo de Nicaragua ya olvidó la atrocidad cometida contra el sacerdote Bismarck Carballo hace 21 años, el 12 de agosto de 1982, cuando agentes de la Seguridad danielista lo desnudaron a punta de pistola? Ese mismo año, el gobierno sandinista presidido por el señor Ortega, ordenó el cierre de Radio Católica por dos semanas. Cuando permitieron abrirla de nuevo la estación tenía prohibido difundir cualquier noticia.

Los nicaragüenses nunca podrán olvidar los ataques y la conspiración contra la Iglesia Católica, sus obispos y sacerdotes, contra Su Eminencia Reverendísima el cardenal Miguel Obando y Bravo, y sobre todo el atropello contra la máxima autoridad de la Iglesia Católica, Su Santidad Juan Pablo II, cuando éste visitó nuestro país por primera vez en 1983, naciendo para los nicaragüenses “la noche oscura”, impuesta por su gobierno.

El gobierno de Ortega obstaculizó en su totalidad la misión evangelizadora de la Iglesia Católica, al punto de expulsar de nuestro país a muchos sacerdotes por considerarlos “peligrosos” para su régimen.

Fue en el gobierno sandinista que surgió la “iglesia popular”, guiada por “cristianos revolucionarios”, amparados en la teología de la liberación, mal entendida o estudiada, o, muy a propósito medio explicada a los “cristianos revolucionarios”. No se puede olvidar que la “iglesia popular” estaba considerada como el brazo religioso del poder. Al ser derrocado el régimen sandinista a través del voto del pueblo cristiano de Nicaragua la “iglesia popular” también feneció.

No es posible que los cristianos se dejen engañar por los “lobos disfrazados de ovejas” con sus discursos retóricos, teniendo como fondo canciones casi etéreas, llenas de poesía, pero el “lobo” sigue siendo el mismo, el que confiscó, el que dividió la unión familiar, el que persiguió a Cristo a través de sus ministros: los sacerdotes.

El autor es bibliotecólogo.

Editorial
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