- Un repaso por cada una de las ediciones de los Juegos Panamericanos
EFE
I de II partes
BUENOS AIRES 1951
Lo que en 1940 acordó el I Congreso Deportivo Panamericano fue que Buenos Aires acogería la primera edición de los Juegos continentales, pero lo que no estaba previsto en ese texto fundacional era el desenlace de la competición, y mucho menos que los anfitriones “osaran” doblegar el poderío deportivo estadounidense.
Pero los argentinos, que no entienden de pronósticos, no desaprovecharon la ventaja de “jugar en casa” y lideraron el medallero final con un total de 145 medallas, de ellos 64 de oro, muy por delante de la delegación norteamericana, mermada en número por un apoyo económico escaso, que se tuvo que conformar con 98 preseas, 46 de las cuales fueron del metal más brillante.
La diferencia de estos dos países sobre los otros 20 que tomaron parte en los I Juegos Panamericanos fue brutal. Chile, Cuba y Brasil, que se clasificaron por detrás y en ese orden no lograron superar las 40 medallas cada uno. Más de 2,500 atletas ofrecieron sus mejores esfuerzos para tomar parte en 18 deportes diferentes que se celebraron sin más demora que la que provocaron, momentáneamente, las típicas tormentas australes de la zona.
MÉXICO 1955
La sensación de una derrota sin paliativos que cosecharon los estadounidenses cuatro años antes ante Argentina, fue la espoleta que desencadenó una reacción absoluta de un país poco acostumbrado a tener que ocupar otro peldaño del podio que no sea el más alto.
Los II Juegos Panamericanos se disputaron bajo un ambiente festivo, debido al multitudinario respaldo de los mexicanos, y con la ayuda añadida de las especiales condiciones de la capital azteca, cuya altitud resultó fundamental para la consecución de numerosas plusmarcas mundiales.
En atletismo, Estados Unidos recobró su supremacía en las pruebas de velocidad en las que Rodney Richard se mostró intratable al lograr el oro en 100, 200 y el relevo corto. En las distintas modalidades de concursos, tan sólo el brasileño Ferreira Da Silva evitó que la bandera de las barras y estrellas ondeara de forma permanente en lo más alto del mastil. El reverendo Richards, en pértiga, y Parry O´Brien, con un primer puesto en peso y la segunda plaza en disco, agregaron a sus victorias sendos récords mundiales.
Cuba empezó a enseñar los dientes en categoría femenina, pero se quedó fuera de los puestos de honor en su deporte nacional por antonomasia, el béisbol.
CHICAGO 1959
Las dificultades técnicas previas a la celebración de la tercera edición de los Juegos Panamericanos no aventuraban el desenlace final de los mismos en donde el dominio estadounidense fue tan insultante que, de las 156 medallas de oro que había en disputa, tan sólo 41 no se quedaron en las arcas del “Tío Sam”, y eso pese a que el número de países participantes se incrementó en tres y pasó de 22 a 25.
En Chicago ´59 ya comienzan a surgir nombres míticos del deporte mundial como la estadounidense Wilma Rudolph, más conocida como “La Gacela Negra” que, con tan sólo 19 años y tras haberse sobrepuesto a una infancia aterradora marcada por múltiples enfermedades, se llevó un oro y una plata. Un año después, Rudolph se consagró en los Juegos Olímpicos de Roma donde hizo triplete en 100, 200 y 4×100.
Otro de los deportes que descubrió en los III Panamericanos a una estrella futura fue el baloncesto. El legendario Oscar Robertson, jugador clave en la brillante trayectoria de aquellos años de Los Ángeles Lakers en la NBA, lideró a su país a una nueva victoria, la tercera consecutiva en los Juegos regionales, con una gran superioridad.
SAO PAULO 1963
Brasil, el segundo país americano más poblado con casi 170 millones de habitantes, acogió su primera experiencia como sede de unos Juegos continentales en 1963 marcados, una vez más, por los problemas económicos. Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Haití, Nicaragua y Paraguay declinaron su asistencia al torneo regional, por lo que el número de países participantes descendió a 20. Además, las deficientes infraestructuras de la Villa Olímpica (aún sin terminar cuando la competición ya se había iniciado), provocaron el rechazo y la protesta de los participantes que fueron alojados en dependencias comunes sin el mínimo de comodidad exigible para un evento de esta relevancia. Las autoridades de Sao Paulo, la ciudad sede, se vieron asimismo salpicadas por un presunto desvío de fondos públicos previstos para financiar los Juegos y que pudieron servir para sufragar compromisos electorales.
En el terreno estrictamente deportivo, los Estados Unidos siguieron acaparando podios en atletismo, natación y gimnasia lo que les situó nuevamente en el primer lugar del medallero global con 201 trofeos, de los cuales casi el cincuenta por ciento fueron dorados.
WINNIPEG 1967
Winnipeg, una localidad canadiense encuadrada en las cercanías del lago del mismo nombre y próxima a la frontera con los Estados Unidos, vistió sus mejores galas para acoger la quinta edición de los Panamericanos en 1967 y, con el tiempo, se convirtió en la segunda ciudad que repitió como sede de los Juegos (lo hizo también en 1999), junto a México D.F. Pero el verdadero éxito de Winnipeg fue el de destapar, a nivel internacional, el nombre del mejor nadador de todos los tiempos: Mark Spitz.
Cuando Spitz aterrizó en Canadá para enfrentarse a los deportistas continentales más potentes en su especialidad apenas si se podía atisbar la repercusión que sus brazadas en la piscina iban a tener en un futuro. Con la insultante precocidad que le permitían sus escasos 17 años, el estadounidense ofreció un recital que se saldó con cinco medallas de oro, tres de ellas formando parte del equipo de relevos de su país, y una plusmarca panamericana. Antes de que finalizase la temporada, Spitz tuvo fuerzas para lograr seis nuevos récords mundiales e igualar otros dos. Fue tan sólo el preludió de una carrera ejemplar que tuvo su explosión definitiva en los Juegos Olímpicos de Munich´72 en los que alcanzó un hito deportivo que nadie ha sido capaz de repetir: siete medallas de oro, cada una de ellas con un nuevo registro universal.
CALI 1971
A partir de 1971, la dinámica de los Juegos Panamericanos se empezó a plantear como una lucha deportivo-política entre Estados Unidos y Cuba, con Canadá como tercero en discordia. Los primeros siempre han contado a su favor con un mayor respaldo financiero, tecnológico y organizativo, mientras que los antillanos han hecho de su innata capacidad competitiva su principal baza.
Si en otras ocasiones los inconvenientes económicos habían marcado el devenir de los Juegos regionales, en Cali ´71 fue la política la que cobró un protagonismo paralelo al estrictamente deportivo. Cuando ocho atletas cubanos aprovecharon el torneo continental para solicitar el asilo político en Colombia ya nada fue lo mismo. La tensión, incluso, alcanzó gotas de dramatismo con el fallecimiento, por causas aún no aclaradas, de uno de sus masajistas, Domingo Gómez, tras precipitarse al vacío desde el piso que habitaba en la Villa Olímpica.
La natación y la gimnasia fueron en esta ocasión las disciplinas en las que más brillaron los estadounidenses. En las piscinas colombianas se consagró el nombre de Frank Heckl, ganador de seis oros y una plata, mientras que en el tapiz del gimnasio de Cali la jovencísima Roxanne Pierce, de tan sólo 16 años, con cuatro títulos y dos terceros puestos en categoría femenina.
MEXICO 1975
Tras el cuatrienio pertinente de receso en la competición, el turno le llegó a Santiago de Chile, la ciudad designada en un principio para ser sede de la VII edición, pero problemas financieros dieron al traste con el proyecto. Algo parecido le ocurrió a su sucesora, Sao Paulo, por lo que la Organización Deportiva Panamericana (ODEPA), buscó una salida de emergencia y la encontró en Ciudad de México.
El boxeo fue esta vez el deporte que deparó los nombres con más lustre de los Panamericanos. Por un lado el norteamericano Ray “Sugar” Leonard que se llevó el oro en el peso welter, el mismo que obtuvo un año más tarde en los Juegos Olímpicos de Montreal´76, antes de pasar al campo profesional en donde incrementó su leyenda al lograr cinco títulos de campeón del mundo en otros tantos pesos diferentes (welter, superwelter, medio, supermedio y superpesado).
En la categoría reina, la de los pesos pesados, el monarca absoluto fue el cubano Teófilo Stevenson, un púgil capaz de atesorar dos oros panamericanos (repitió cuatro años después en San Juan´79), tres olímpicos y nueve coronas mundiales todas ellas en el campo aficionado, tras su firme de decisión de no convertirse nunca en boxeador profesional.
ESTADOS UNIDOS DOMINA LOS JUEGOS PANAMERICANOS
Año Sede Países Deportes Campeón O P B Total
1951 Buenos Aires 22 18 Argentina 64 44 37 145
1955 México 22 17 EE.UU. 82 58 38 178
1959 Chicago 25 19 EE.UU. 115 69 53 237
1963 Sao Pablo 20 19 EE.UU. 109 55 37 201
1967 Winnipeg 29 20 EE.UU. 128 71 46 245
1971 Calí 32 17 EE.UU. 106 75 40 221
1975 México 33 19 EE.UU. 117 83 48 248
1979 San Juán 34 22 EE.UU. 136 105 47 288
1983 Caracas 37 22 EE.UU. 144 101 56 301
1987 Indianápolis 38 27 EE.UU. 174 120 84 378
1991 La Habana 39 28 Cuba 140 61 61 262
1995 Mar del Plata 42 34 EE.UU. 169 146 109 424
1999 Winnipeg 42 34 EE.UU. 106 110 79 295