Sobre Noel Sacasa

Migdonio Blandón [email protected]

En los últimos días el nombre del doctor Noel Sacasa, ha sido extra-publicitado por los medios de comunicación, suscitando comentarios diversos, a raíz de su inusitada renuncia desde el extranjero, a su cargo de la Superintendencia bancaria. Aunque ya se han expuesto criterios valiosos sobre su personalidad, del doctor Humberto Belli, del ministro Silvio de Franco e incluso del señor Presidente ingeniero Enrique Bolaños, a grosso modo, también me permito dar el mío.

Tengo el gusto de conocer al doctor Noel Sacasa desde hace veintiséis años, o sea desde la fundación de nuestra comunidad cristiana “Ciudad de Dios”, actualmente inscrita como: “Asociación Cristo Rey”; por lo que habiéndole tratado de cerca durante más de trece años, mientras estuvo activo en dicha comunidad, me pareció siempre su actitud de verdadero cristiano, siendo con su vital testimonio, meritorio de emulación en todo concepto.

Con Amalia, su digna esposa, han sido modelo de hogar cristiano. El tiempo que su trabajo le permitía, si no estaba sirviendo en la comunidad o a quienes lo necesitaban, su preferencia era pasarlo en casa; y en los ratos de ocio hacer deporte con sus hijos, llegando al colmo de regalar el televisor, para dedicar el tiempo que en ella gastaban, en cosas supuestamente de mayor importancia para su mejor preparación, lo cual según su conducta actual, parece supo lograrlo.

A posteriori, en las pocas veces que ocasionalmente le he tratado, de cierta manera su trato me ha confirmado su rectitud y honestidad al saber enfrentar críticas situaciones, que de hecho han consolidado sus principios; por lo que sin saber que su renuncia y motivos los había informado al señor Presidente, tal renuncia por su forma, la consideré un craso error, ya que como humanos todos tenemos flaquezas, pero en ningún momento podría dudar de su intrínseca honradez.

Es una pena que hombres de su valiosa talla, sintiéndose amenazados por arteras y falsas acusaciones, que dadas ciertas circunstancias, podrían concretarse en injustas e indefendibles condenas, al verse asediados por la injusticia, tengan que emigrar de un país, que en teoría es supuestamente demócrata, cosa que no necesitaron hacer en regímenes dictatoriales y corruptos del reciente pasado; y todo por haber sabido cumplir a cabalidad con su deber.

Por lo que mientras no se despoliticen las instituciones y de manera específica las que administran justicia, no habiendo la seguridad necesaria en cargos importantes, que regulan el sistema financiero, el derecho de propiedad y los derechos ciudadanos en general, como en la fatídica década de los 80, seguirán emigrando valiosos elementos y muy pocos de los que aún quedan tendrán el coraje de arriesgarse a asumirlos.

El autor es miembro de Eduquemos.

Editorial
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