Roberto Bendaña McEwan
No puedo quedarme callado, ni seguir dejando pasar las manipulaciones de la información que van de una persona mañosa, maquiavélica, y de un apetito material ensordecedor, queriendo engañar a la opinión pública y denigrar a una persona que hizo lo que era correcto con una institución débil, y un sistema incipiente en manos de algunos vivos y oportunistas.
En ocasiones distintas los dos personajes de este drama fueron mis jefes inmediatos: Noel Sacasa en el Ministerio de Fomento, Industria, y Comercio; y Francisco “Panchito” Mayorga en el Banco del Café de Nicaragua. De uno aprendí a deponer los intereses personales a favor del bien común y la gracia espiritual; del otro aprendí que cuando uno es mal pensado y calculador el trauma de persecución no lo deja tranquilo para disfrutar de los éxitos, sino que lo empujan al abismo de la perdición. Uno fue un jefe ejemplar, del otro no puedo decir lo mismo.
Me parece increíble como la desesperación y el cálculo maquiavélico de “Panchito” lo pueda llevar a pensar que puede escribir un artículo en LA PRENSA queriendo seguir manipulando la información utilizando a un seguidor que se presenta como “activista de la Red de Defensa del Consumidor”, cuando los que hemos trabajado con él y lo conocemos sabemos que es un “activista militante del Partido Pan y Fuerza”, el partido político de “Panchito” que financió con los recursos del banco quebrado contra la voluntad de su propia Junta Directiva.
El Banco del Café no lo quebró la Superintendencia, sino la sordera y ambición personal del presidente ejecutivo, que por un lado no escuchaba a su Junta Directiva ya que sus títulos académicos lo hacían creerse más que los otros, y por otro lado su sueldo altísimo de presidente ejecutivo le parecía poco, ya que tuvo que buscar cómo seguir enriqueciéndose a través de la política partidaria, y los negocios y comisiones personales que identificaba desde su puesto de ejecutivo: todo a cuesta del propio banco.
Ahora pretenden insinuar que los bancos quebrados pudieron haberse rescatado de algunos vivos y oportunistas con “operaciones de salvamento” a cuenta de “más impuestos, menos obras sociales, menos crédito productivo” (a los que él mismo se refiere), que redunda en más endeudamiento interno. Los nicaragüenses con “dos dedos de frente” y no de tantos títulos doctorales en filosofía y economía sabemos que lo que necesita Nicaragua y sus instituciones es de personas honestas, de principios éticos y valores morales, que escuchan y creen en el trabajo en equipo, comprometidas con el bienestar común; y no de caudillos “vivianes” (que se creen banqueros) que se la pasan de listos y buscan el enriquecimiento personal.
A mis jefes les agradezco porque de los dos aprendí muchísimo. A uno le deseo éxito en otras fronteras donde lo valoren y aprecien trabajando por el bien común y transmitiendo su paz, felicidad, y tranquilidad; al otro le deseo paz y tranquilidad que la encontrará si reza el rosario con devoción y deja de querer seguir manipulando a favor de él.
El autor es viceministro Agropecuario y Forestal.