Cooperación Internacional de Desarrollo, en crisis

Alejandra Saborío Robelo [email protected]

Las actuaciones de la cooperación internacional al desarrollo van dirigidas a mejorar las condiciones de vida de la población de los países de menor renta relativa. Intentan impulsar el crecimiento económico y el bienestar social, favorecer formas de gobierno democráticas, respetuosas de los derechos humanos, y contribuir a la preservación del medio ambiente.

Pero, ¿por qué este tipo de cooperación se encuentra en crisis? La credibilidad de la cooperación se ha puesto en duda desde hace algunos años, por el declive de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) y en mayor peso por los cambios que han sucedido en el escenario mundial, específicamente en el terreno de las relaciones internacionales.

Quizás la disminución de la ayuda se debe a las dudas existentes en los países del Norte sobre su eficacia, y a que muy buena parte de los países desarrollados quiera reducir su déficit público. Viéndolo en cifras, el porcentaje sobre el Producto Nacional Bruto dedicado a la ayuda, por parte del conjunto de los países miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE, ha pasado del 0.36 por ciento en 1988 al 0.24 por ciento en 1998, lo que permite confirmar esta triste situación.

Abordando el segundo punto, la transformación del sistema internacional, existe porque el fin de la bipolaridad ha supuesto la desaparición de la tensión política entre dos bloques enfrentados. Por tanto, la cooperación al desarrollo ya no necesita cumplir algunas funciones que le acompañaron desde su origen, como canalizar y distribuir una parte del apoyo a los países que se encontraban en la órbita de cada superpotencia.

En ese sentido, siendo realista, este ámbito de la cooperación ha de plantear su razón de ser en otro escenario diferente: en un mundo donde continúa aumentando la brecha ente ricos y pobres, del mismo modo que dentro de los países se ha agudizado la distancia entre los sectores más favorecidos y los menos favorecidos. Asimismo, la globalización descontrolada sitúa a las naciones en desarrollo en una posición de aguda vulnerabilidad, aumentando así el subdesarrollo, cuyos problemas afectan cada vez en mayor medida al planeta en su conjunto.

Ante la situación descrita, cabe intentar articular una pregunta obligada: ¿qué papel juega la cooperación en todo esto?

La cooperación internacional al desarrollo debe intentar erradicar la pobreza, reducir las desigualdades de desarrollo humano y mejorar las capacidades de los grupos más vulnerables, haciendo lo posible para alcanzar estándares mínimos vitales para todos los seres humanos; lo que se debe trabajar a iniciativas de la sociedad civil organizada —no sólo me refiero a la sociedad civil tradicional, sino a los movimientos sociales que están adquiriendo proyección internacional y que incorporan nuevas perspectivas a las nociones tradicionales de política y ciudadanía— que debe adquirir un protagonismo en la dinámica global e incidir en las políticas públicas.

Requiere, además, de una coordinación más eficaz entre los actores del Norte, aumentar los recursos destinados a la ayuda al desarrollo y fortalecer el sistema multilateral. También debe existir una mayor coherencia entre las diversas políticas de los países del Norte que afecten a los del Sur para evitar que los efectos positivos de la misma puedan ser neutralizados por otras políticas puestas en práctica por los propios países desarrollados.

Asimismo, el Sur debe aportar su granito de arena. Las naciones más pobres han de asumir la responsabilidad principal de su desarrollo para lo que es necesario fortalecer la democracia, combatir la corrupción, evitar las causas de conflicto y respetar y promover los derechos humanos.

Los países menos privilegiados, como Nicaragua, deben crear un ambiente propicio para estimular las inversiones del sector privado, favorecer una distribución equitativa y hacer que el gasto público sea más eficiente y transparente, en aras de favorecer un crecimento económico, imprescindible para el desarrollo. De esta manera, los donantes querrán cooperar más y verán el esfuerzo de nuestro país por salir de la situación en que se encuentra.

La autora es estudiante de Master en Relaciones Internacionales, en Madrid.

Editorial
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