Peter R. Bernal
Se imaginan que enero del 2004 está al doblar la esquina y que con esa fecha se inicia en los Estados Unidos (EE.UU.) el proceso de elecciones primarias presidenciales. Para comprender este tinglado electoral hay que iniciar cualquier interpretación acudiendo a un hecho: La existencia de diferentes tipos de primarias. En algunos estados se elige por votación proporcional, mientras que en otros el ganador obtiene a todos los delegados en juego. Están también los llamados “caucus” o “concilios”.
Algunos desconocen que éstos constituyen el más antiguo método de selección pues existen con diferentes nombres desde el siglo XVIII y ahora sólo son utilizados en unas pocas jurisdicciones. Curiosamente, “caucus” viene del latín y se trataba originalmente de una vasija donde se depositaba agua para beber. Pero la palabra pudiera proceder del vocablo indio “kaw-kaw-wass”. En 1904 en el Estado de Florida se efectuó por primera vez una elección primaria, para escoger por votos los delegados a la Convención Demócrata. Hasta ese momento lo que se hacía era elegirlos en “primarias indirectas” en las que se les seleccionaba individualmente por una asamblea tipo “caucus”.
Ahora bien, después del tradicional “Labor Day” en septiembre, se verá el desfile de precandidatos, sobre todo demócratas, porque los republicanos mantendrán, en su boleta a Bush-Cheney. Se observa cómo en el pequeño estado o provincia de Nueva Hampshire (NH), donde tradicionalmente se debe ganar para poder aspirar a ser el candidato oficial y tener en la elección general, posibilidades para ocupar la Casa Blanca. A partir de esta importante primaria, donde la prensa nacional no deja de resaltar todos los eventos y debates entre los precandidatos, se inicia el verdadero calendario electoral estadounidense y el proceso de “voto directo” después de los tempranos “caucus” de Iowa. En estas elecciones aspiran por varios partidos políticos “Raymundo y todo el mundo”, el proselitismo es parroquial, directo, de puerta en puerta y a lo largo de su historia se han producido muchas sorpresas. Especulando un poco creo que si el representante Richard Gephardt, como se espera encabeza la votación en los “concilios” de Iowa, por cuestiones de vecindad geográfica (ya que el es de Missouri) se enfrentaría a otro caso similar con los senadores John Kerry, de Massachussets, y Joseph Lieberman de Connecticut, así como con el ex gobernador Howard Dean de Vermont, los cuales, por ser de Nueva Inglaterra, la región donde está NH, pudiera encabezar la votación de esa primaria. Sin embargo, si Gephardt gana en Iowa y queda en uno de los primeros planos en NH, un lugar distante de su estado natal, iría entonces con fuerza al segundo escalón en el calendario político de las primarias, el famoso “supermartes” en todos los estados sureños. Por ahí, casi siempre se decide la postulación en ambos partidos.
Como estoy especulando en uno de los posibles escenarios antes de la Convención de ambos partidos hay mucha tela que cortar todavía. Tenemos que dejar en suspenso la actividad de otras importantes figuras en el mundo político y militar, como son los senadores Bob Graham de Florida, John Edwards de Carolina del Norte y el general W. Clark. En estos días me sorprendió una encuesta, donde se señalaba que la senadora Hillary Clinton, de Nueva York, estaba en los primeros planos para competir por la Presidencia de EE.UU. Antes de llegar a pronósticos anticipados o prematuros, como ése, sigo profundizando en el proceso. Los delegados a una convención, entre ellos algunos que no son seleccionados en las primarias sino que lo son por derecho propio, por ser funcionarios electos o líderes de los partidistas (los llamados “superdelegados”), éstos están comprometidos a nominar y votar al precandidato que los escogió, por lo menos en las primeras rondas de votaciones en el “piso” de la convención, de acuerdo a los resultados se mantienen fieles o quedan libres para negociar.
En la convención demócrata de 1960, el precandidato John F. Kennedy, senador de Massachussets, estaba en primer lugar, en delegados pero no había podido obtener la mayoría necesaria para ganar la postulación como “candidato oficial” después de varias vueltas de votación entre los delegados. Gracias a una serie de negociaciones “detrás de las bambalinas” y de acordar a “regañadientes” el llevar como vice, a su principal oponente al entonces líder del senado federal el tejano, Lyndon B. Jonson, se pudo lograr la unidad. Por su lado los republicanos nominaron al vicepresidente Richard M. Nixon, quien superó en su convención entre otros al popular gobernador de Nueva York, Nelson Rockefeller. Después de esto se vio posiblemente la elección presidencial más reñida de la historia.
¿Por qué existe esa posibilidad en el 2004? Con tantos participantes con fuerzas relativamente parejas entre los demócratas, y por la distribución geográfica de los mismos, es muy probable que haya que recurrir a tales negociaciones. Pero, si uno emerge muy temprano y parece ir prevaleciendo, todo podría limitarse a una sencilla votación, como cuando se escogió a Bill Clinton en 1992 y a George H. Bush (padre) en 1988 y 1992.
Este tipo o algo parecido de elecciones primarias podrían recibir carta de ciudadanía en América Latina. El hombre o mujer que quiera aspirar a un cargo público tendría que pasar por una competencia real dentro de su propio partido. Esto tiene su colorido adicional pues en algunos sitios lograrían situar su nombre no sólo los precandidatos más favorecidos con menciones en la prensa y con un caudal de recursos económicos incalculables, sino simples ciudadanos que como en Nueva Hampshire colocan su nombre en la boleta para llamar la atención a alguna causa local o nacional descuidada por los supuestos líderes partidistas. Incluso hay otro factor muy democrático. En algunos estados un votante de un partido en particular puede decidir no votar en su propia primaria y escoger hacerlo en la de otro partido. ¿A qué se debe esto? A que el ciudadano promedio puede o no estar satisfecho con ninguno de los precandidatos que le presenta su partido y entonces se le concede el privilegio de ejercer de todas maneras su capacidad ilimitada de selección. Se recuerdan de los “Reagan-demócratas”. Ése fue el ejemplo más reciente del llamado “cross-over vote”. En otras palabras en las elecciones parciales o generales, miembros de un partido votaron por el candidato del otro.
Creo que la modernidad debe llegar al sistema de selección de candidatos. Se debe evitar las imposiciones tradicionales. Se podría ver el ocaso de los “caciques políticos” iberoamericanos que a “dedazo” limpio quieren mantener eternamente su nombre en la boleta y controlar a través del partido las listas electorales de los legisladores que apoyen incondicionalmente sus agendas. En los EE.UU. los legisladores federales, estatales, gobernadores, alcaldes, hasta los concejales y comisionados, van a una eliminatoria por sus distritos, ciudades o estados, antes de la elección general, donde entonces todos pueden “votar” por el candidato de su preferencia no importa por qué partido. ¡Qué ejemplo más bello para la democracia! El que se crea líder debe someterse a las urnas.
El autor es periodista cubano-americano.