José Luis [email protected]
Fue el economista Joseph Schumpeter el que enfatizó el papel del empresario innovador —el entrepreneur— como agente fundamental del desarrollo económico. Por el contrario, su opuesto el empresario prebendario o rentista ha sido caracterizado como negativo para el desarrollo económico. En Nicaragua, lamentablemente ha predominado el empresario prebendario más que el innovador, lo que explica en parte el atraso secular prevaleciente.
El empresario innovador es un agente de cambio. Desarrolla nuevas o más eficaces maneras de producción, crea nuevas empresas y utiliza eficazmente los factores de producción. Los grandes capitanes de la industria en los Estados Unidos —los Ford o más modernamente Bill Gates—, se enmarcan dentro del concepto del entrepreneur schumpeteriano. El empresario prebendario por el contrario no crea nuevos o más eficaces modos de producción o comercialización. Simplemente se enriquece a la sombra del Estado. En la literatura económica se las ha denominado: buscadores de rentas. Se amparan bajo la sombra de los gobiernos a través de diversas medidas, como tratamientos fiscales especiales, aranceles proteccionistas, cuotas o contingentes de importación, crédito subsidiado, condonaciones de deudas y protección frente a la competencia externa.
En el caso extremo, los empresarios prebendarios no sólo se benefician del Estado sino que nacen y crecen a la sombra del poder. Esto último ha sido muy común en Nicaragua. Como se sabe, el capital de los Somoza y el nuevo estrato empresarial que surgió en los ochenta y en el segundo quinquenio de los noventa, utilizaron igualmente al gobierno como instrumento primitivo de acumulación capitalista. Estos nuevos empresarios alcanzaron sus fortunas, no creando y desarrollando nuevas maneras de producción y comercialización, no haciendo aportaciones positivas al desarrollo económico dentro del espíritu del entrepreneur schumpeteriano, sino que fundamentalmente a través de la apropiación ilícita de bienes del Estado. Este tipo de comportamiento tiene raíces históricas de larga data que podrían remontarse inclusive al sistema de las encomiendas o repartición de tierras de la colonización española, a lo que no me refiero dentro de la brevedad de este artículo. Basta señalar que el enriquecimiento a través del poder ha sido la fuente histórica de riqueza de muchos sectores empresariales en Nicaragua.
Por su parte, los empresarios independientes si bien no nacieron de manera ilegítima usurpando los bienes del Estado, casi siempre han buscado los favores del Estado. Los industriales que surgieron en los años sesenta y setenta con el Mercado Común Centroamericano, se desarrollaron en lo que Edelberto Torres denominó “condiciones de invernadero” con barreras arancelarias proteccionistas e incentivos fiscales especiales. En los años ochenta, paradójicamente el sector privado que sobrevivió se acostumbró a un comportamiento rentista extremo. Su sobrevivencia no dependía de la eficiencia económica, sino de obtener del gobierno divisas e insumos a precios oficiales, crédito subsidiado y condonaciones de deudas. En el período 1990-2003, a pesar del proceso de liberalización económica y comercial, ha predominado el empresario prebendario, particularmente en los años 1996-2001 donde surgió un nuevo estrato empresarial basado en la apropiación ilícita de bienes del Estado.
El anterior recuento histórico no es positivo. ¿Es que acaso no ha existido en Nicaragua a lo largo de su historia un significativo número de empresarios innovadores schumpeterianos? En mi modesta opinión, lo que más se ha aproximado en Nicaragua al empresario innovador, lo fueron los algodoneros de los años cincuenta y sesenta, aunque lamentablemente este espíritu empresarial no respetó el medio ambiente y produjo un deterioro ecológico que aún persiste. Aparte de los algodoneros de ese período, sólo en el caso de algunos empresarios en lo sectores comercial, agropecuario y agroindustrial, se puede hablar de la existencia de un empresario schumpeteriano innovador. Se trata sin embargo de excepciones, lo cual es lamentable ya que el despegue económico requiere de una clase empresarial moderna vinculada sobre todo al sector exportador, la cual no existe. Ante la ausencia de un sector empresarial moderno nacional, se ha producido inclusive un proceso de desnacionalización empresarial. La inversión extranjera ha sustituido parcialmente —y no muy eficazmente— la ausencia de un espíritu innovador nacional.
Es obvio que el despegue económico requiere de una nueva clase empresarial innovadora. Para ello es necesario que el éxito económico no dependa de las prebendas estatales sino de la capacidad creativa del espíritu empresarial y de la eficiencia en el uso de los factores de producción. El Estado por su parte debe diseñar políticas económicas que no favorezcan la secular cultura prebendaria. El éxito o fracaso del desarrollo económico depende de ello.
El autor es economista.