En letra pequeña

Fabián Medina [email protected]

SORPRESAS

A mí no me sorprende conocer que la Policía paga con drogas a sus informantes. Uno sospecha esas cosas y otras peores. Lo que me ha asombrado son dos cosas: uno, que Cordero lo haya reconocido públicamente; y dos, saber que por capturar un alijo mayor, que seguramente va a fronteras mejor custodiadas, se acepte que circule “un kilito” que definitivamente será de consumo local.

DROGA LOCAL

Me parece bien que la Policía ayude a combatir el narcotráfico internacional. Estados Unidos da avituallamiento y asesoría a cambio de esos favores. Pero es lamentable saber que para hacer esos quiebres grandes de droga que van desde el Sur hacia el Norte, se le dé “un kilito” a algún rufián de poca monta que lo venderá por “puchos” en su barrio, y así se cobrará la información que dio a la Policía para capturar una panga cargada de cocaína en alta mar.

PRIORIDAD

No quiero que se me confunda. El narcotráfico es un delito difícil de combatir sin la colaboración entre los países, y Nicaragua no puede hacerse de la vista gorda al uso de su territorio que hagan las mafias. Pero lo peor que podría pasar, y temo esté pasando, es que nuestra Policía se diseñe casi exclusivamente para atajar la droga que va hacia Estados Unidos, y, desde ese propósito, no importa que algunos oficiales y agentes se vuelvan narcos locales, que reciban pagos de la DEA por su colaboración o que entreguen kilos de coca a vendedores nacionales por información. No puede ser que la Policía permita y fomente el delito local para hacer quiebres internacionales espectaculares que se anuncian con bombos y platillos.

MÉTODOS TRUCULENTOS

Y digo que no me sorprenden, aunque me indignen, las declaraciones de Cordero porque es sabido que tanto el Ejército como la Policía, han usado o usan métodos truculentos y al margen de la ley en sus misiones. Algunos nunca se saben y otras sospechas están seguramente alteradas por la imaginación. Es posible. Pero hay pistas, a las que no se les ha hecho mucho caso, que hacen que la entrega de “un kilo por información” parezca un cuento de Caperucita Roja a la par de otros métodos.

INFILTRADOS

Por ejemplo, hace un par de años, el general Joaquín Cuadra me confesaba en una entrevista que el Ejército infiltró hombres en los grupos delincuenciales que aterrorizaban el campo. Y decía que estos delincuentes eran tan desconfiados que obligaban a sus nuevos miembros a “mancharse las manos de sangre” como bautismo para tenerles confianza. O sea, que no es difícil inferir que en esos crímenes que nos horrorizaron, donde aparecían cabezas clavadas en las estacas, hubiese participado alguno que otro infiltrado del Ejército.

LA VERDAD

Varias veces se ha pedido públicamente la renuncia de Cordero. Yo soy de los que cree que la Policía estaría mejor con otro jefe, por la forma en que llegó al mando, y por los delitos en que sus subalternos, o él mismo, se habrían involucrado. Sin embargo, sería lamentable que finalmente se vaya por una de las mejores cosas que ha hecho durante su mandato: Decir la verdad.

Editorial
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