Ascendencia y vigencia del PLC

Roberto Gutiérrez

En Nicaragua la tendencia electoral está definida entre los votantes sandinistas y los de opción antisandinista. Este concepto definió las elecciones de 1990, 1996 y 2001, cuando la población votó por los candidatos definidos plenamente como antisandinistas.

El 25 de febrero de 1990 se votó masivamente por doña Violeta Barrios de Chamorro, candidata de la UNO, quien representaba el cambio y el fin del bloqueo comercial, la guerra y el racionamiento entre otras.

Para el año 1996 surgieron varias fuerzas democráticas con posibilidades de ganar las elecciones del 20 de octubre. El partido Arriba Nicaragua era una de ellas. Su líder Álvaro Robelo subía constantemente en las intenciones de voto, convirtiéndose en peligro para los otros candidatos democráticos. Pero fue eliminado por el Consejo Supremo Electoral con el argumento de que era ciudadano italiano y no nicaragüense.

En este período también se formó el Proyecto Nacional, dirigido por Antonio Lacayo, quien obtuvo presencia y organización nacional, pero fue afectado por los casos de corrupción denunciados y su posición de prosandinista. Se le señaló como el culpable de mantener a sandinistas trabajando en altos puestos del gobierno y de los pactos con el FSLN, especialmente el famoso Protocolo de Transición.

En 1990 el Partido Liberal Constitucionalista maniobró en contra del candidato Alcalde de Managua por la UNO, Agustín Jarquín Anaya, y logró colocar en la Alcaldía capitalina a Arnoldo Alemán. Posteriormente Alemán inició el proceso de adquisición de concejales de otros partidos, afiliándolos al PLC, y logrando su afianzamiento en la Alcaldía.

En 1992 comenzó la campaña a nivel nacional con recursos de la municipalidad de Managua y el PLC se nutrió con los miembros del PLI. El primero en trasladarse al PLC fue Jaime Bonilla, después se fueron Edgard Quintana, Silvio Calderón y Guillermo Selva, y el último fue Wilfredo Navarro, quien era la esperanza de Virgilio Godoy. Todos los que se trasladaron al PLC llevaban su botín: cuadros nacionales, profesionales, intelectuales, afiliados y juntas directivas completas. Al final el PLC absorbió al PLI que no tenía nada que dar, sólo la intransigencia de Virgilio Godoy y su pleito con Antonio Lacayo. Además, en su proceso de fortalecimiento Arnoldo Alemán participó en el Grupo de los Tres (con Virgilio Godoy y Alfredo César) y en el Movimiento Salvemos la Democracia.

Con obras domésticas y un amplio plan de publicidad, Alemán dio la imagen de candidato del cambio, aunque era todo lo contrario pues entregó la Alcaldía de Managua quebrada, endeudada con los bancos, con el INSS y proveedores, deudas que fueron honradas por alcaldes posteriores. Pero se estableció como la única opción ganadora, promovió el voto del miedo.

Ahora bien, hasta el año pasado la mayor fortaleza del PLC era la de haber sido el partido político más ganador en los últimos procesos electorales y aglutinar a los partidos liberales. Ahora, entre sus debilidades se señalan el nepotismo, pues la familia de Arnoldo Alemán estaba en altos puestos del gobierno con megasalarios; la corrupción, pues los niveles de enriquecimiento fueron mayores a los de Somoza, en sólo cinco años; el endeudamiento interno, ya que la administración Alemán dejó endeudado el país a lo interno y con altas tasas de interés de los Ceni; candidatos elegidos de dedo, sin practicar la democracia, con montajes al estilo comunista; partido dirigido totalitariamente, así como excluyente, visceral y vengativo; la división, pues altos dirigentes del partido fueron excluidos y aproximadamente más del 30 por ciento de las estructuras se han desafiliado y la mitad de la población liberal no está con el arnoldismo; pérdida de los recursos del Estado, del cinco por ciento que obligaban dar a los trabajadores y del salario mensual que entregaban los empleados intermedios; pacto con el FSLN para repartirse con éste el Estado y que Arnoldo garantizara su continuidad, un pacto de mayores dimensiones que el Protocolo de Transición; e imposición de una Ley Electoral antidemocrática para obligar a votar a la población entre arnoldismo y sandinismo. Todo esto hace al PLC un partido disminuido, desgastado, dividido, sin credibilidad ante la población no sandinista.

Un nuevo partido liberal tendría como fortaleza que la población no quiere regresar al pasado, ni al arnoldismo mucho menos al sandinismo, el apoyo de la gente que no tiene opción pero no quiere ser obligada a votar por el arnoldismo o el sandinismo, el posible respaldo de Estados Unidos, de la empresa privada, del presidente Bolaños, de la mayoría de los partidos democráticos, de líderes nacionales capaces, honestos, populares y con experiencia: José Antonio Alvarado, Eduardo Urcuyo, Miguel López, Alejandro Fiallos, Jaime Morales, entre otros. Además, contaría con el respaldo de líderes, cuadros, miembros, afiliados, simpatizantes y juntas directivas, excluidas, expulsadas y disidentes del PLC.

El autor es liberal.  

Editorial
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