Lo natural, lo divino y el amor

Ana María Ch. de Holmann

Hasta hace unos pocos años la preferencia “sexual”: lesbianismo, heterosexualismo, homosexualismo eran temas secretos y vergonzosos para la familia, censurables para la sociedad y ocultas al público. Pero hoy en día hay personas que practican actos antinaturales reñidos con la ley natural y divina. Estas personas con desviaciones sexuales hacen alarde, demostrando su propia “identidad”, adquisición de la que se enorgullecen publicando en los medios tanto escritos como hablados en los que divulgan y proclaman la libertad de expresión sexual la que no es más que el destape de la corrupción y el libertinaje. Para muestra vemos el despliegue que hicieron el domingo pasado en Sao Pablo, Brasil, en el que más de 800 mil de estas personas marcharon demostrando su aberración y adicción de esta plaga de la humanidad, marcha encabezada nada menos que por el presidente de esta nación.

Por todo esto, durante las últimas semanas se ha mantenido una verdadera contienda entre unos y unas, defendiendo sus “derechos” de libertad sexual, y otras personas que defienden los valores y principios morales y cristianos, tradicionales de nuestro país.

No se puede tapar el sol con un dedo; ser hombre o ser mujer es una realidad que comienza en el seno materno, es una realidad a la que nadie se debe rebelar en su contra. La mujer dispone en el óvulo de cromosomas “Y” más “Y” el hombre en su espermatozoide dispone del cromosomas “Y” más “X”. En el proceso de la fecundación si se juntan dos “Y” nacerá una mujer y si se juntan una “Y” y una “X” nacerá varón; dos seres con diversidad de cuerpos e igualdad de almas y dignidad, todo por la voluntad del Creador en el “instante de vivir”. Los dos igualmente sagrados, hombre y mujer, pero solamente uno de ellos se encarna con hombría para el hombre y feminidad para la mujer éstas serán las características que los distinguirán a cada uno de ellos.

Los que creen y practican la “preferencia sexual” aseguran que existe un proceso en el que al final se llega a encontrar la “identidad sexual”. Pienso que estos individuos adquieren esa “identidad” por encontrarse envueltos por las malas influencias, compañías nefastas y ambientes propicios para adquirir ese vicio de aberraciones sexuales, pues es un porcentaje muy bajo el de las personas que al nacer tienen esa inclinación por causa de las deficiencia de hormonas sexuales propicias para la condición hacia la inclinación sexual desviada. Estas inclinaciones contranatura se practican solamente entre los seres humanos, ya que entre los animales se registran sólo casos aislados que más bien se dan en circunstancias específicas para resguardar la especie cuando se ven forzados por falta de alimentos y se aparean macho con macho para así evitar la procreación.

Si bien es cierto que el ser humano es libre de hacer todo lo que desea, y tiene libertad para ejercer su voluntad en todos los campos: libertad de expresión, libertad de actuar, todo lo que a través de los siglos se ha venido ganando para la convivencia del ser humano, esta libertad está sujeta a derechos y deberes, y debe ser responsable y auténtica para contribuir en la sociedad y en uno mismo a reflejar una imagen ejemplar que sirva a todos los que nos rodean, para imitarla y no para que hacer de ella un peligro para la sociedad y la vida, sobre todo de la juventud.

Hay una gran diferencia con referencia a la prolongación de la especie humana, entre esas prácticas inmorales y la omisión de la sexualidad, como es en el caso del celibato de los sacerdotes, religiosos y religiosas, viudas y viudos, adolescentes y jóvenes. Estas son vocaciones, circunstancias y creencias religiosas, y en lo que se refiere a los jóvenes que guardan la continencia y la virginidad hasta el matrimonio, pues no hay mejor regalo para ambos cónyuges como esa “primera vez”, porque el sexo y la sexualidad son también un regalo de Dios a la pareja y toda la fuerza de atracción entre los esposos que culmina en el acto sexual.

El acto sexual en el matrimonio manifiesta el amor e indica la voluntad del Creador que desde el paraíso bendijo a la primera pareja: “Crezcan, multiplíquense y posean la tierra”. Y el Génesis relata: “Estaban desnudos y no se avergonzaban”. Este mandato sí es natural y divino que rige el amor. Sin embargo, hay jóvenes del mismo sexo que desprecian ese regalo que brinda la naturaleza humana y se declaran “pareja”, como el que a los 21 años escribe a LA PRENSA y se queja porque en Nicaragua el ser homosexual se le considera inmoral “y se les insulta diciéndoles cochón”. Ojalá y sigamos guardando el respeto a la ley natural y lo divino.

Estos jóvenes que se ven envueltos o se inician en esta carrera antinatural no miden las consecuencias del peligro que esto les traerá a corto o a largo plazo, pero la naturaleza se encarga de darles una lección severa y de la que no puede retroceder, por lo menos hasta la fecha. Ya en esa situación éstos se ven aislados, solitarios, sin amigos, sin descendencia, estériles en todo lo que la vida les brindó, sin haber dejado ningún fruto de la misión que se debe cumplir en la sociedad, ni cívica, ni familiar, ni social, ni moral, mucho menos ejemplar para construir una vida digna. Pero no hay que juzgar. Ellos deberán temer su propio juicio. Tal vez sea ya tarde pero para la misericordia del Señor siempre hay oportunidad para sus hijos. Madre Teresa de Calcuta tenía este apostolado para levantar al caído: “Háganlo por amor, con desinterés, como si no hubiera ni premio ni castigo, pero fomentando en su corazón la gloriosa esperanza”. Recordemos que al atardecer de la vida, en el ocaso, seremos juzgados por el amor, dice San Juan de la Cruz.

La autora es defensora de los valores y
principios morales y cristianos.  

Editorial
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