Jorge Berríos
Con todo respeto, me cuesta creer que el artículo de la licenciada Emma Amelia Rosales de Granja, titulado “Sexualidad, desconocimiento y consecuencias” (LA PRENSA, 22 de junio), que ella escribió respecto a la homosexualidad venga de una psicóloga.
En su artículo invita a “la reflexión con una actitud abierta y madura encauzando la mente a pensar acorde con nuestra naturaleza y dejándonos guiar por el sentido común”. ¿Acaso discriminar a una persona por su preferencia sexual es tener una mente abierta? La licenciada Rosales ha escrito una gran verdad en su artículo: “su naturaleza”, y es que a los hombres y mujeres homosexuales se les da de una manera natural tener deseos por las personas del mismo sexo y sería antinatural quererlos cambiar.
Me llama mucho la atención cuando critica a las parejas de homosexuales que están criando niños y se pregunta: ¿Dónde están los defensores de los derechos de los niños? Yo hago otra pregunta: ¿Dónde están los padres (heterosexuales) de miles y miles de niños de madres solteras que existen en Nicaragua? ¿Por qué no critica este tipo de problema latente en nuestra sociedad. Aquí la pregunta no es quién es el padre de un niño o niña. Aquí la cuestión es cuánto cuido y amor se le da a ese niño o niña sin importar quién sea su padre o madre. No hay que olvidar que una inmensa mayoría de niños nicaragüenses se ha criado solamente con su madre o abuela y eso no los hace tener conductas o actitudes femeninas, mucho menos homosexuales. ¿Y cómo se explica lo que pasa cuando las personas homosexuales provienen de familias que según conductas sociales predominantes se les denominaría normales, y se han criado en un ambiente de armonía y respeto hacia lo establecido y lo que consideran la mayoría “correcto”?
¿Acaso la licenciada Rosales no se da cuenta de que lo que ha escrito no sirve más que para alimentar la homofobia y la discriminación, lo cual está contra los derechos fundamentales de todo ser humano? Ser homosexual no es un delito, ser discriminado debido a ello sí lo es.
Me llama la atención de que ella cita un texto de la Biblia, pero debe recordar que además de prohibir la homosexualidad (en el Levítico) también se prohíbe aparear ganado de diversa especie, sembrar dos clases de semillas en un mismo campo, usar ropa con dos clases de tejido, cortarse el pelo en redondo, cortarse la barba y hacerse tatuajes. ¿Acaso se irán al infierno todos los campesinos de Nicaragua por sembrar maíz y frijoles en el mismo campo o alguno de nosotros por usar jeans y una camisa de lino, o todos los hombres por afeitarse por las mañanas?
La señora Gioconda Belli (a quien la señora Rosales critica en su artículo) dice que la homosexualidad es algo natural, lo cual parece no estar de acuerdo desde su punto de vista profesional. Yo creo que sería un buen reto para su carrera que la señora Rosales pruebe lo contrario, pues si todos los psicólogos del mundo pensaran como ella volveríamos a la edad media quemando personas en las plazas públicas.
León, Nicaragua.