Alfonso Efraín Castellón Ayón*
En el Editorial del prestigioso Diario LA PRENSA del dos de junio corriente, se hace una crítica al presidente Bolaños en el sentido de que “debió barrer a estos diputados que han perdido legitimidad por su ejercicio arbitrario…” Esto implicaría lo que se conoce en el argot político latinoamericano como un “fujimorazo”.
En honor a la verdad (aunque a mí me hubiera gustado la barrida) hay que reconocer que una de las grandes virtudes del presidente Bolaños es su inquebrantable vocación democrática. En su historia u hoja de servicios, se recuerda que desde el Cosep se levantó en constantes protestas cuando denunciaba los atropellos y abusos de poder del sandinismo totalitario quien eliminó todas las instituciones democráticas. Sufrió prisión y confiscaciones de sus propiedades, como la sufrieron otros líderes empresariales.
Actualmente se habla de plebiscito, referéndum o constituyente. Los dos primeros implican una práctica democrática en muchos países del globo terráqueo. Pero una constituyente no abona al ejercicio democrático de finalizar un mandato del pueblo, como es el obtenido en las elecciones libres, transparentes y súper vigiladas que se efectuaron el cuatro de noviembre de 2001. Hay que respetar al soberano en su decisión popular, decir no a la constituyente es lo propio.
Los nicaragüenses tuvieron que aguantar y esperar las elecciones para derrotar a los cansinos líderes rojo y negro. Hay que aceptar el criterio legal de que la Carta Democrática Interamericana suscrita en Lima en septiembre de 2001, por los Estados miembros de la OEA de la cual Nicaragua es signatario, selló el destino democrático de Latinoamérica. Nuestro país depositó el instrumento de ratificación y por consiguiente es ley de la República.
Actuando en contra de mis principios democráticos señalo en este mismo artículo que a mí me hubiera gustado la barrida de los diputados que como mansos corderos obedecen consignas y órdenes de sus respectivos caciques. Pero a decir verdad y en honor al respeto a la institucionalidad y las leyes nacionales e internacionales no se puede violar el orden constitucional, con una actitud como la señalada en el Editorial mencionado.
La Carta Democrática Interamericana, en su capítulo IV, artículos 17 al 21, establece los mecanismos para la preservación de esta institucionalidad. Así, el artículo 20 dice que “en caso de producirse una alteración del orden constitucional que afecte gravemente su orden democrático, cualquier Estado miembro o el Secretario General podrá solicitar la convocatoria inmediata del Consejo Permanente, para realizar una apreciación colectiva de la situación y adoptar las decisiones que estime conveniente”.
Hay que apoyar con firmeza el comportamiento del Presidente Bolaños que a todas luces trata de evitar un golpe de Estado, barriendo a los señores diputados, “quienes con su ejercicio arbitrario y anti-constitucional, han perdido realmente legitimidad”.
Es de suma importancia señalar que un fujimorazo sería una buena medicina para curar tantos males políticos que sufre Nicaragua. Pero hay que rechazar esta idea para mantener el orden constitucional y el respeto a la consolidación de la democracia. Al Frente Sandinista y compañía les interesa la constituyente, porque aprovecharían serios deslices del Partido Liberal Constitucionalista para tratar de comprar el voto, “no legitimidad”.
Debe imperar el mandato del pueblo para preservar la democracia y por eso digo no a la constituyente.
* El autor es abogado y notario público.
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