Juego

Jose Manuel Obando Solano Un amigo comentaba a diario que los tragamonedas le daban jugosas ganancias y por curiosidad decidí comprobarlo. Al entrar a un casino recién inaugurado quedé impresionado por las mujeres jóvenes y bonitas vestidas de minifaldas, maquilladas con colores agradables, sonrientes, preguntando con dulzura ¿le gustaría tomar algo? Observé cómo jugaba y […]

Jose Manuel Obando Solano

Un amigo comentaba a diario que los tragamonedas le daban jugosas ganancias y por curiosidad decidí comprobarlo. Al entrar a un casino recién inaugurado quedé impresionado por las mujeres jóvenes y bonitas vestidas de minifaldas, maquilladas con colores agradables, sonrientes, preguntando con dulzura ¿le gustaría tomar algo?

Observé cómo jugaba y ganaba mucho dinero uno que otro jugador que apresurado colocaba un vaso ancho de plástico dentro de una bandeja metálica para recolectar las monedas que había ganado. Cada viernes, durante tres meses, fui a ese sitio sin jugar ni tomar. Pero un día tuve deseos incontrolables de hacerlo y empezó lo que sería para mí un calvario que probablemente nunca termine.

Ese día perdí diez córdobas, y los demás días veinte, cincuenta, cien, doscientos, quinientos. Gané dos mil y perdí mil quinientos, gané tres mil y perdí cinco mil. Y perdí mi tranquilidad, a mi familia, mi dinero y casi mi trabajo

Pido a los miembros de los diferentes poderes del Estado, medios de comunicación, iglesias, pueblo en general que no permitan que el juego siga agobiando los corazones y el bolsillo de seres humanos empecinados en robar la comida de sus hijos.  

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