Hay trofeos de trofeos

Gloria Aguilar de [email protected]

Recientemente, organizaciones chilenas protestaron por la exhibición de “Rosa” (la niña que fue violada y embarazada en Costa Rica y a quien se le hizo abortar en Nicaragua), en el TVN (Canal 7) de Chile (LA PRENSA, 23 de abril de 2003). Según he sabido por información de aquel país, la llegada de la niña causó gran revuelo y hasta muy recientemente seguía siendo noticia. ¡Y allá la vieron de cuerpo entero!

Qué triste situación la de esta niña y también qué hipocresía la de las personas que aquí la escondían para que nadie se diera cuenta ni de su talla. Evidentemente no lo hacían por el bien de la niña, o no hubieran actuado con ella como lo hicieron en Chile. Según Bruce Harris, dirigente de una de las organizaciones que protestaron el trato a “Rosa” en Chile, la niña fue “exhibida como si se tratase de un objeto o mercancía” en la televisión. Muy bien lo decía el artículo de Opinión del 30 de abril “¿Es que se prohíbe hablar?” “Rosa” se convirtió para las feministas nicaragüenses en “una especie de trofeo”.

He sabido que fueron dos miembros de la Red de Mujeres Contra la Violencia las que apoyaron la aparición de “Rosa” en el Canal 7 chileno, que a su vez les pagó el viaje y la estadía en Santiago. Una de las acompañantes fue Lorna Norori, de la ONG Dos Generaciones y miembro fundadora de la Red que también ayudó a sacar a “Rosa” de Costa Rica. La otra acompañante fue Martha Blandón, también de la Red y de IPAS, una ONG que en Nicaragua promueve los llamados “derechos sexuales y reproductivos” y distribuye las succionadoras para hacer el aborto llamado AMEU (“Aspiración Manual Endouterino”).

Qué lastimoso el desenlace de “Rosa” y su bebé que no pudo nacer, asunto que sigue causando asombro dondequiera que va. Probablemente sus destinos hubieran sido muy diferentes de haberse quedado en Costa Rica. Probablemente todo hubiera sido más acorde con su dignidad humana y la de su bebé y probablemente más parecido al caso de “María”, la niña salvadoreña que por violación de su padrastro salió embarazada a los ocho años. “María” llevó su embarazo hasta los ocho meses y medio cuando tuvo su bebé por cesárea en los primeros días de abril recién pasado. Y todo salió bien.

Estos casos tan similares de dos niñas nacidas en la pobreza, sin educación y abusadas sexualmente terminaron de una manera muy distinta por la forma en que sus situaciones fueron manejadas. La diferencia es que “Rosa”, en Nicaragua, cayó en manos de ONG que proclaman el aborto como un “derecho” de la mujer para controlar “su cuerpo”, sin siquiera pensar en la vida del bebé por nacer (a pesar de todas las leyes nicaragüenses que supuestamente lo protegen).

Y la niña, “María”, en El Salvador, cayó en manos de una ONG que protege la vida de todo ser humano y actuó de acuerdo a las leyes de El Salvador, protegiendo las dos vidas. “Rosa” tenía cuatro meses de embarazo. Se supo que el Comité Pro Defensa de la Vida en Nicaragua no pudo ni siquiera acercarse a “Rosa” porque tanto en el Minsa como en Mifamilia se les informó que no sabían dónde la tenía la Red.

Para las feministas de la Red de Mujeres Contra la Violencia, “Rosa” y su aborto constituyen un trofeo, un símbolo de triunfo, pero para Nicaragua significa una vergüenza y la muestra de que aquí sigue imperando la corrupción y la impunidad ante los delitos. ¿Qué es peor, matar o robar? Si es cierto que se quieren componer los nicaragüenses no se puede olvidar el caso de “Rosa”, y no se debe descansar hasta que todo el asunto quede esclarecido. Mandar a personas ante los tribunales por supuestas “injurias”, porque hablaron sus opiniones al respecto, es señal de lo poco que ha evolucionado la sociedad nicaragüense.

Por esto mismo quiero unirme a tantas voces que han aplaudido y siguen aplaudiendo, dentro y fuera del periódico, la valiente posición de los editoriales de LA PRENSA, que a pesar de las “voces disonantes” de ciertos grupos hoy está sosteniendo en alto los principios que a través de la mayor parte de su historia la han caracterizado: La Verdad y la Justicia. La verdad sólo es una, lo que significa que no siempre se quedará bien con todos porque no todos son capaces de conocerla ni desean que se conozca. Que “la verdad y la justicia” sean el único trofeo que motive a este periódico, aunque los que quieren seguir viviendo una “noche oscura” queden inconformes.

La autora es esposa y madre de familia.  

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