Abolengo del ex-convento y templo de San Francisco

Jorge Eduardo [email protected]

Un ejemplo de continuidad excepcional e institucional, iniciado en 1988, culminó oficialmente el domingo 30 de marzo: la restauración y puesta en valor del conjunto ex-convento e iglesia de San Francisco de Granada. Financiado por la persistente cooperación del gobierno de Suecia, este proyecto tuvo tres etapas dirigidas por la arquitecta Flor de María Rivera, experta conservacionista que lleva más de quince años viviendo en la ciudad, entregada a su disciplina. Y, por tanto, merece un explícito, imprescindible reconocimiento.

Inició su labor atendiendo las zonas de mayor riesgo estructural, consolidando el claustro, el sector de la antigua cocina, el de la ventana antigüeña y sus alrededores, más el tramo sur-este de la muralla perimetral. En este punto descubrió el “Paso de ronda”: una calzada de piedra, construida en los años coloniales, para facilitar a los frailes el trabajo de centinelas o vigías. La tradición oral, al respecto, asegura que desde ese “paso” fue avistado en las vecinas aguas del Lago el cajón que había arribado, desde el Castillo de la Inmaculada Concepción, conteniendo la imagen de “la Conchita”, venerada por los granadinos como su patrona desde finales del siglo XVIII.

Esta etapa inicial fue precedida de una sistemática evaluación arqueológica e historiográfica, y de una limpieza general del ex-convento, utilizado desde 1830 —cuando Morazán expulsó de Centroamérica las órdenes monásticas— para funciones educacionales. Allí tuvo su sede la Universidad de Granada en distintas épocas del siglo XIX y del XX, pero sobre todo el Colegio de Granada a partir de 1874, convertido luego en el Instituto Nacional de Oriente, centro que se trasladó a un sector del ex-colegio Centroamérica en 1974. Es decir, el inmueble fue destinado a la enseñanza durante casi siglo y medio.

Al ser dicho uso muy intensivo, constituyó un factor de deterioro del edificio. Por eso Flor de María valoró que se destinase “a un uso cultural moderado”. En este sentido, ya cumple ese objetivo: como biblioteca municipal y embrión de museo histórico, salas de exposiciones (de pintura primitivista, piezas arqueológicas, etc) y colección de estatuaria prehispánica: La Squier-Bovallius-Zapatera. Además, ha servido como escenario de una Feria Internacional del Libro, de encuentros de diversas índoles, sin excluir ceremonias gubernamentales y del Primer Congreso Internacional de Literatura Centroamericana en 1993. Todas estas actividades ameritan concretarse en una Memoria.

Si en la primera etapa se combatió a los insectos en las estructuras de madera, otorgándoles en seguida un mantenimiento adecuado de las mismas, y se controlaron las filtraciones permanentes de los techos, en la segunda se descubrieron fundaciones de muros —que obedecían a la morfología original del convento—, estructurales coloniales de valor histórico como desagües y la rampa trasera, por la cual accedían en carretas las provisiones con que se abastecían a los residentes del inmueble, ubicado en una privilegiada altura. Al mismo tiempo, se localizaron zonas de interés para el estudio de asentamientos prehispánicos (las excavaciones determinaron la presencia de abundante material cerámico correspondiente al período de 1200 a 1500) y coloniales (pues se hallaron cerámica mayólica, peruleras y fragmentos de bacines).

Por otro lado, las prospecciones en sus dos patios —el primero, más extenso y airoso por sus palmeras reales y dentro de cuatro corredores— arrojaron restos óseos de humanos, producto de ocupaciones militares: la guerra civil de 1854, la Nacional Antifilibustera de 1855-57, la de 1910 y la de 1912. Pero es necesario y oportuno puntualizar las fechas claves del convento. Establecido en 1529 —un siglo antes que la iglesia, que se adosaría al mismo— lo fundó fray Toribio de Benavente, Motolinía —un santo franciscano español— pero, abandonado a los pocos años, fue ocupado por los dominicos. Entonces sus paredes eran de caña y el techo pajizo.

En 1550, cuando se estableció la provincia franciscana de San Jorge, el convento fue reconstruido con los mismos materiales indígenas y habitado por algunos frailes, como lo confirma en 1856 fray Alonso Ponce, comisario de las provincias (franciscanas) de la Nueva España. En 1613, el carmelita descalzo Antonio Vázquez de Espinosa no encontró aún la iglesia, cuyos cimientos estaban sacados desde 1586 y los franciscanos “pensaban acabarla presto con el convento, porque hay por allí cal, teja y ladrillos, y los vecinos son gente devota y acuden a ella bien a la obra”. Por tanto, la iglesia debió construirse en la tercera o cuarta década del siglo XVII, coincidiendo con el florecimiento de Granada, entonces la principal ciudad de la provincia.

Mantenido el convento en precaria y provisional construcción y sin iglesia durante el siglo XVI, a extramuros de la ciudad, su función consistía en controlar el acceso a la misma a través del Lago, en virtud de su concepción vinculada a la defensa militar de la ciudad, lo cual se hizo imperativo en los siglos XVII y XVIII. A mediados de esta centuria ya estaba consolidado, de acuerdo con sus techos de tejas, paredes de adobe y habitaciones en cuadro, aunque sin claustro, según el obispo Pedro Agustín Morel de Santa Cruz en 1751. Para entonces, los muros tenían más de un siglo de levantados, al igual que el “Paso de ronda”. Reformado en 1836, 1874, 1885, 1939 y 1950, el edificio siempre permaneció sin comunicación interior con la iglesia, pero formando un singular conjunto arquitectónico. Ahora el templo ya ha sido, en la tercera etapa del proyecto, restaurado: acción modelo que debe enorgullecer no sólo a los granadinos sino a todos los nicaragüenses que amamos y admiramos nuestros bienes patrimoniales.

El autor es presidente de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí