- Gustavo Guerrero, de 20 años, es recordado por sus familiares como un niño travieso
Emiliano Chamorro [email protected]
Lejos del barro, el quesillo y de la tierra que lo vio nacer, el joven de La Paz Centro, Gustavo Marcelino Guerrero, de 20 años, es parte del Ejército de Estados Unidos, destacado en la Marina de Guerra que ahora se encuentra batallando en el Golfo Pérsico.
Guerrero partió de Nicaragua, junto a sus padres Nora Saravia y Gustavo Guerrero, en 1989, huyendo de la crisis económica y de la guerra que entonces afectaba a su país, porque aún gobernaba el Frente Sandinista (FSLN).
A los 20 años de edad, Guerrero es un soldado que se ha destacado en diferentes misiones y ha recibido reconocimientos, explicó su tía Patricia Saravia, quien vive en Nicaragua.
Patricia lloró cuando contaba a LA PRENSA la historia militar de su sobrino, porque teme que le ocurra algo malo en el campo de guerra, en Irak. “La guerra es terrible, aún no sabemos en qué condiciones se encuentra; pedimos a Dios porque esa guerra culmine pronto y poder volver a verlo”, declaró.
RECUERDOS
Gustavo Guerrero no ha regresado a Nicaragua desde que se fue a Estados Unidos, y Patricia lo recuerda como un niño hiperactivo, travieso, pero también estudioso y muy protegido por sus padres.
Comenzó sus estudios de primaria en La Paz Centro y culminó la secundaria en Chicago, Estados Unidos, donde reside con sus padres.
“Él ingresó voluntario al servicio militar, pero su mayor anhelo es poder convertirse en un profesional. Donde estés, Gustavo, imploramos a Dios poder volver a verte y que esa guerra termine lo más pronto posible”, dijo su tía.
PAÍS DE OPORTUNIDADES
Asegura que la decisión de su sobrino de enlistarse en la Marina de Guerra está asociada a varios factores, entre los que destacan las oportunidades que ha encontrado en Estados Unidos para desarrollarse como profesional.
“Se fueron (sus padres) en busca de mejores oportunidades para el futuro de mis sobrinos y de Gustavo, pero así es la vida, él tenía que cumplir su servicio militar y, después que regrese de la guerra, podrá volver con sus padres y empezar sus estudios”, dijo Patricia Saravia, quien vive en Managua, del Colegio Benjamín Zeledón, 2 cuadras al sur y 2 cuadras al oeste.