- A sus 27 años, esta peculiar dama de las Aduanas, con casi dos metros de estatura se está encargando de dar seguimiento a los movidos temas aduaneros que se están desarrollando a nivel exterior. Muy jovial y simpática, Egda Ramírez cree que se debe por completo a la población quien a través
de sus impuestos garantiza su salario. Ella es hija del diputado sandinista William Ramírez.
Gabriel Sánchez Campbell [email protected]
Egda Ramírez siempre estuvo envuelta en el mundo diplomático, desde que tuvo uso de razón. Aunque mientras estudiaba Relaciones Internacionales nunca le pasó por la cabeza trabajar en una aduana, hoy es la encargada de ese departamente en la Dirección General de Servicios Aduaneros (DGA), gracias a un zarpazo del destino que le hizo pasar de ser una simple edecán en la Cancillería a ocupar este cargo de dirección desde hace siete años.
Será que parte de su desenvolvimiento como hija de la esposa de un embajador le permitió aprender a relacionarse con la gente y soportar lo “hostil” que puede llegar ser el mundo diplomático, esa fue la misma razón que le hizo tener una vida ajetreada, como dice ella.
Llegó a México a los tres años y pasó luego a Suecia, después Brasil y Nicaragua. Se fue a Costa Rica para volver nuevamente a Nicaragua. Eso sin contar la cantidad de viajes que ha hecho por cuestiones de trabajo a todos los países de la Región Centroamericana, dentro y fuera del continente.
Tanto en la DGA como en el resto de los lugares nunca pasa inadvertida. Y no es para menos, porque ver a una mujer de casi un 1.90 metros caminando en cualquier sitio de Managua no se ve todos los días, excepto que se trabaje con ella. Menos cuando se ven las facciones de una morena con la cara redondeada y el largo pelo liso que generalmente anda suelto.
Siempre irradiando tranquilidad, guardando la compostura y el equilibro, excepto cuando recuerda su infancia que a pesar que fue muy movida la compartió con todos su amigos y familiares en una época del año. Es hija del diputado sandinista William Ramírez, con quien mantiene una estrecha relación.
Es la mimada, según ella, en una familia de 30 nietos. Descubrió la desesperación de permanecer en un lugar que no fuera Nicaragua en muy poco tiempo y cuando volvió para quedarse cambió la gabacha verde de estudiante de medicina por el traje sastre de ejecutiva, con altos tacones, el maletín y un mundo rodeado por hombres para ser parte de un momento histórico de Nicaragua y Centroamérica: La Unión Aduanera.
¿Cómo entra a la aduana?
Primero habría que hacer un recuento de cómo entré al mundo de la diplomacia y volví a Nicaragua
¿Viene de una familia que siempre había estado metida en ese mundo?
Sí… mi padrastro era embajador y salí desde muy pequeña del país. A los tres años y volví a los 16, pero mientras estuve fuera sentía la necesidad de encontrar mi identidad nacional porque cuando venía a Nicaragua me sentía como un extranjera. No había perdido mi acento porque las otras culturas no me permitían mimetizarlo. Y de los siete amores que existen definitivamente uno de ellos es la tierra donde naciste. Yo así lo he sentido.
¿Pero en qué momento, entra como profesional a desempeñarte en esta área?
A los 19 años. Fue en Cancillería y todo porque mis padres me habían dicho que hasta que trabajara, podría tomar mis propias decisiones. Entonces inicié en ese lugar, donde me impresionó el trabajo de Ernesto Leal, quien se desempeñaba como canciller.
Sólo recuerdo por ejemplo estar en cada detalle para la XVII Cumbre de Presidentes, cuando la Presidencia la ocupaba doña Violeta Barrios de Chamorro, fue una experiencia inolvidable.
Luego seguí trabajando fuertemente y después —pues creo que por mi calidad, o al menos eso creo— me nombraron Directora de Edecanes para Eventos Especiales y el cambio creo que era el momento justo en mi vida. No me asustó, me emocionó un poquito pero era una responsabilidad relativamente grande para una pequeña de tan sólo 21 años que tenía en ese momento, pero fue en ese momento que conocí a mi actual jefe.
¿A Fausto Carcabelos?
Sí
¿Cómo fue?
En ese momento trabajábamos para la toma de posesión del presidente electo Arnoldo Alemán y ahí conocí a Fausto (actual director de Aduanas) quien era el asistente del vicepresidente electo en ese momento, don Enrique Bolaños.
¿Qué tuvo de particular conocer a Carcabelos?
Me enseñó mucho. Primero en medio de todo aquel corre y corre que era la organización de la toma de posesión hubo un química bien simpática cuando nos conocimos.
Después dejé de trabajar en la Cancillería y entré a estudiar, en eso este señor me llama porque necesita una edecán para la vicepresidencia, pero a mí no me dice eso, me dice que necesita alguien para esa institución. Cuando me doy cuenta, después de la entrevista le dije que no estaba interesada en hacerle perder ni su dinero y a mí, mi tiempo, porque yo no me interesaba ese puesto.
¿Y qué pasó?
Me dijo que me quedara como asistente administrativa y así fue como se convirtió en mi maestro en el ámbito laboral y claro, él aprendió de don Enrique Bolaños un señor de edad que cansa con el trajín.
¿Te impresionó trabajar con el vicepresidente?
Sí. Su limpieza, orden, saber dónde tienen que ir las cosas y cómo se deben hacer, pero el estilo de trabajo que tiene es admirable. Es incansable. Luego pasé a ser la Directora de Relaciones Públicas y ahí instauramos un programa de protocolo. Volví a la Cancillería para la toma de posesión del ahora Presidente, pero ahora haciendo las cosas como don Enrique quería y me vine como directora de Relaciones Internacionales de la Aduana.
¿Fue difícil?
Creo que ningún trabajo es difícil. Todo depende de la seguridad que tengas de vos mismo porque la experiencia y la capacidad la sabrás si la tenés o no en la marcha. Fue más bien un reto porque el léxico aduanero es bastante único y tuve que adaptarme a eso. Además la oficina era una reciente creación y casi tuvimos que volver a empezar.
¿Ahora ustedes están muy activos por los acontecimiento de coyuntura?
Completamente, el tema de la Unión Aduanera, los Tratados de Libre Comercio nos ha permitido estar activos porque también estamos buscando fondos y hemos conseguido en esta oficina unos 365 mil dólares el año pasado
¿Cómo se siente siendo parte de todo este proceso?
La experiencia de participar en la Unión Aduanera es increíble porque te sentís parte de todo ese gran proceso y sentís realmente aportas —aunque sea— un grano de arena para la integración Centroamericana.
Es increíble… y más cuando decís: Acabamos de tomar una decisión que cambia el rumbo de toda las aduanas. Y luego ves el rodaje y ejecución de esas políticas. La primera vez casi me muero porque estaba sentada ante cuatro directores centroamericanos y hay cada moción. Y cada país tiene que razonar y exponer sus puntos.
Cuando le tocó a Nicaragua me di cuenta de la cautela y seguridad que debes tener, porque eso significa cambios, modificación y todo eso tiene una trascendencia para el desarrollo en el país. Aunque he de confesar que siempre me vi en Cancillería, porque había sido criada en ese ambiente y nunca en la Aduana.
¿Ha sido difícil trabajar aquí, viniendo de un ambiente diplomático?
No. ha sido más fácil porque he estado acostumbrada a eso y aunque ahora a veces soy parte —digamos así— del último escalafón en alguna misión, te sentís bien en un ambiente que sino estás acostumbrado puedes sentirte pesado, pero lo que pasa es que la gente se deja intimidar por el cargo de los demás y se olvidan que ellos son solamente personas.
Pero el contacto con la gente te permite tener los pies sobre la tierra, para que te permitan ser lo que sos. Al final nosotros somos sólo colaboradores.
En mi caso yo y los demás muchachos colaboramos para que el Director desarrolle sus metas. Él desarrolla sus funciones y nosotros lo apoyamos.
¿Qué implicaciones tiene que una mujer esté aquí en este cargo?
Es muy interesante porque la presencia femenina es fuerte, porque dos directoras centroamericana son mujeres. Y por eso me siento orgullosa también, pero a nivel interno sólo dos de los directores son mujeres, pero también ahora hay estudios que demuestran que las mujeres somos más responsables, aunque no es una regla, pero significa que también se nos ha dado más cancha para hacer cosas. Auque no tengo ningún complejo trabajar con hombres porque desde pequeña me he rodeado de estos.
¿Usted es super alta, ese tema ha sido incómodo?
Siempre he sido la más alta de la oficina, del kinder, de la escuela y como todos en mi familia son altos no ha sido un problema. Complicado sí. Las mujeres nos estiramos más rápido entonces recuerdo que hubo un momento que decía que no tendría ningún novio, eso fue cuando en mi adolescencia vine a Nicaragua y pensé que era demasiado alta, pero luego cuando tu altura es objeto de admiración tenés que aprender a disfrutar eso. Ahora uso hasta mis tacones, y eso sí es de rigor.
DEBE HABER MÁS RESPETO
Egda Ramírez, la Directora de Relaciones Internacionales de la Aduana considera que en Nicaragua y en el resto de países de la región debería haber más respeto. Y eso es justamente lo que ha faltado a los interno para ser mejores.
Cree que debería haber más respeto. Definitivamente ese es uno de los principales problemas que nos aquejan. Tiene que haber más respeto para el país. Para Nicaragua. Los funcionarios deben ser más respetuosos para las instituciones que trabajamos, a los contribuyentes, para los impuestos que la gente paga, para recordar que nuestro trabajo será para que el país se desarrolle.
También creo que debe haber respeto a la naturaleza y creo que como mujeres se nos debe respetar también. Creo que este país tiene grandes oportunidades y debemos ser respetuosos para asumir nuestros compromisos porque es rico sentarse a criticar pero también hay que ser parte de una proceso .
Los jóvenes están desencantados pero hay que cambiarlo porque nosotros somos lo que luego tendremos que darle forma a eso que está desvirtuado. El descontento está dado por un sentimiento de mentira porque la lucha por las cuotas de poder, y tener acceso a grandes empresas y proyectos ha hecho que algunos funcionarios se haya olvidado porqué están a dónde están. Los funcionarios debemos recordar para qué estamos aquí, para respetar el país y para ayudar a desarrollarlo.