Carlos Flores Hernández [email protected]
A través de la historia, la Iglesia Católica ha tenido gran influencia en la vida de la humanidad. En tiempos pasados la Iglesia Católica decidía quién era Rey o quién se iba. Asimismo la Iglesia era la que basada en su “Derecho Canónico” determinaba quién iba a la hoguera acusada de brujería o quién se quedaba con vida. Hay que recordar el caso de Juana de Arco en Francia (1412-1431).
El 21 de febrero de 1431, la santa compareció por primera vez ante un tribunal presidido por Pedro Cauchon, obispo de Beauvais, un hombre sin escrúpulos, que esperaba conseguir la sede arquiepiscopal de Rouen con la ayuda de los ingleses. El tribunal, cuidadosamente elegido por Cauchon, estaba compuesto de magistrados, doctores, clérigos y empleados ordinarios. En seis sesiones públicas y nueve sesiones privadas, el tribunal interrogó a la doncella acerca de sus visiones y “voces”, de sus vestidos de hombre, de su fe y de sus disposiciones para someterse a la Iglesia. Sola y sin defensa, la santa hizo frente a sus jueces valerosamente y muchas veces los confundió con sus hábiles respuestas y su memoria exactísima. Una vez terminadas las sesiones, se presentó a los jueces y a la Universidad de París un resumen burdo e injusto de las declaraciones de la joven. En base a ello, los jueces determinaron que las revelaciones habían sido diabólicas y la Universidad la acusó en términos violentos.
Ahora quinientos años después hay otro Cardenal que habla de excomunión y tratando de llevar a los médicos que salvaron la vida de una joven a un tribunal, donde no me causaría ninguna duda tuviese, cierta influencia “moral”. Sin embargo no he oído de ninguna excomunión para el causante de la violación. Creo que no es del interés de la Iglesia debido a que no ha dicho nada al respecto.
Según esta doctrina del Cardenal ésta debería de ser una causa justa para excomulgar a todos los médicos y población en los EE.UU. debido a que desde hace treinta años la Corte de ese país legalizó el aborto. Sin embargo los millones de dólares que sus feligreses dan en contribución a sus parroquias han sido suficiente para que el Vaticano se haga el ciego en este caso. Nadie excomulgó a los nueve magistrados que aprobaron el aborto “legal” en los Estados Unidos, pero quieren excomulgar a los que salvaron la vida de una menor en Nicaragua.
Hay que recordar que lo que estaba en riesgo era la vida de una niña de nueve años y no el futuro de un costal de frijoles. Fue una decisión dura para los padres de la menor, pero creo que es hora que se acabe el escándalo con este caso tan doloroso. Soy de la opinión que es mejor tener a una niña viva, tratando de reconstruir su vida y olvidar el pasado, que arriesgar su vida con un embarazo no deseado, y probablemente convertirla en “otro Angelito” en el cielo.
El autor es abogado y notario.