James D. [email protected]
Ministros y altos funcionarios de 26 naciones en desarrollo y representantes de la comunidad internacional se han reunido esta semana en Roma para encontrar la manera de coordinar mejor sus esfuerzos destinados a reducir la pobreza. El desafío consiste en maximizar cada dólar en asistencia a los países en desarrollo por medio de la reducción de la burocracia, que a menudo empantana hasta los proyectos más simples.
El desafío es evidente. Nosotros, los de la comunidad desarrollada, debemos retirar las banderas nacionales e institucionales con las que con frecuencia etiquetamos los proyectos simplemente por razones internas o de relaciones públicas. Debemos reducir los costos a los países más pobres para que puedan cumplir con las exigencias del donante en cuanto a supervisión y evaluación, elementos esenciales de buenos resultados.
Fundamentalmente, debemos fortalecer las políticas y los procedimientos de los países en desarrollo, alineando nuestros propios requisitos con los enfoques locales. Debemos forjar alianzas más sólidas y efectivas dentro de nuestra comunidad de agencias de asistencia y de donantes, sobre una base genuina de políticas coordinadas y prácticas que se concilien con nuestras metas comunes para reducir la pobreza.
El impulsar la armonización de las exigencias de los donantes es producto de la dura experiencia en el terreno. En el mundo en desarrollo hoy existen más de 63 mil proyectos de asistencia en marcha, a menudo con distintos cuerpos normativos sobre la obtención, la evaluación, y enfoques ambientalistas y sociales. De acuerdo con las Naciones Unidas, tan sólo en Burkina Faso existen mil 500 proyectos, mientras que Bolivia ha presentado 850 proyectos para donaciones.
En demasiadas ocasiones, los donantes presentan proyectos paralelos, incluso en el mismo distrito, escindiendo la ayuda en múltiples “boutiques” de asistencia de alto costo. La industria de consultorías que ha surgido en torno a la asistencia extranjera tiene un valor de 4 mil millones de dólares al año sólo en África. Y esto tiene que ver con algo más que el puro dinero. Estudios del Banco Mundial revelan que un país en desarrollo puede, típicamente, estar tratando con 30 agencias de asistencia en una amplia gama de sectores sociales. En promedio, cada agencia envía al menos cinco misiones al año para que supervise sus proyectos. Para aquellos gobiernos que ya están haciendo los máximos esfuerzos para aprovechar sus recursos, esto representa una enorme cantidad de tiempo y dinero en recibir casi tres misiones de agencias de asistencia a la semana.
Al coordinar nuestras políticas de asistencia y sus procedimientos, aspiramos a ahorrarle tiempo y dinero a los países en desarrollo, acelerando el envío de la ayuda y haciéndola mucho más efectiva y eficiente. Para lograrlo, la comunidad internacional deberá cambiar prácticas pasadas que han durado por décadas y que han contribuido a los controles y cuellos de botella que constituyen una plaga en los países en desarrollo. Debemos revisar nuestras propias políticas y procedimientos y alinearlos con un enfoque común a fin de reducir la carga sobre los beneficiarios. Necesitamos forjar sociedades y alianzas más sólidas para mejorar la relevancia, la calidad y la eficiencia de la ayuda extranjera. Debemos expandir nuestro trabajo en este ámbito fuera del puñado de países — incluidos Etiopía, Jamaica, y Vietnam— los cuales se han ofrecido para ensayar un enfoque de asistencia más coordinado.
Sabemos que se puede hacer de manera distinta. Está el caso de Bolivia, donde recientemente, tres agencias de asistencia se unieron para financiar la construcción de un edificio para el Ministerio de Salud. Al tener cada una diferentes estándares y enfoques, en un determinado momento pareció que cada cual terminaría construyendo un piso. Eventualmente, un donante se retiró, y los otros dos han acordado regirse por un conjunto de estándares y tener a una agencia como supervisora del proyecto. Es precisamente este tipo de enfoque el que actualmente requerimos a nivel mundial.
Si como comunidad donante global logramos organizarnos, serviremos mejor a la gente en los países en desarrollo que busca dirigir sus propias iniciativas de asistencia. Si logramos la difícil decisión política de retirar las banderas nacionales e institucionales de la misma; si podemos revertir la tendencia hacia un costoso unilateralismo de desarrollo, habremos dado un paso crucial en alcanzar en 2015 la meta de reducir a la mitad el número de personas que vive en la pobreza.
El autor es presidente del Banco Mundial.