Ciencia y tecnología para prevención de desastres

Claudio Gutiérrez [email protected]

En 1970, en los albores de la era de los satélites meteorológicos, Bangladesh sufrió el desastre natural más grande del siglo XX: Más de 300,000 personas murieron por la marejada de un ciclón que impactó ese país. No existía en ese entonces la tecnología para emitir una alerta temprana. Nuevamente en 1991, ya con satélites meteorológicos en operación, otro ciclón causa 140,000 muertos en el mismo país.

Se mencionan estas tragedias para destacar dos aspectos: primero, que las limitaciones técnico-científicas de un país constituyen un factor importantísimo en esa sumatoria de factores físicos, sociales, económicos, ambientales y culturales, que en su conjunto conforman la susceptibilidad de una sociedad a ser dañada por un fenómeno natural (lo que conocemos como vulnerabilidad); y segundo, que la capacidad técnico-científica per-se no es suficiente para disminuir la vulnerabilidad.

La capacidad técnico-científica para emitir alerta temprana ante fenómenos naturales peligrosos y ejecutar estudios e investigaciones científicas no nos debe conducir a crear un falso sentido de seguridad. El último segmento de esa cadena es la población y el ciudadano mismo que deben saber cómo reaccionar ante esas alertas y cómo utilizar los conocimientos que brindan las investigaciones; y esto merece tanto o más atención que el diseño y la operación misma de esa capacidad.

Un país con tantas amenazas naturales como Nicaragua, tanto de origen geológico (terremotos, erupciones volcánicas, maremotos y deslizamientos) como de origen hidrometeorológico (huracanes, inundaciones y sequías) requiere de una capacidad técnico-científica de primer orden para contribuir a la prevención de desastres naturales.

Sin embargo, resultaba realmente inexplicable que un país que ha sufrido tantos desastres naturales a lo largo de su historia, estuviese todavía a principios de los años 90 con una capacidad técnica muy limitada. Managua llegó al terremoto de 1972 prácticamente en las mismas condiciones tecnológicas que cuando ocurrió el terremoto de 1931. Cuando el maremoto de 1992 el país no tenía una red sísmica ni una Central Sísmica con turno sismológico capaz de detectar rápidamente el terremoto que originó el tsumani.

¿Serán necesarios los desastres naturales para avanzar tecnológicamente? Si vemos en retrospectiva, solamente después de la ocurrencia de desastres es que nuestro país y la cooperación internacional han reaccionado. Hemos progresado tecnológicamente al ritmo de los desastres como lo demuestra la historia reciente:

1. La primera Red Sísmica Nacional se instaló en 1975 como consecuencia del terremoto de Managua de 1972 y gracias a la ayuda del Servicio Geológico de los Estados Unidos. (Esta Red prácticamente desapareció a principio de los años 80).

2. La primera Red de Vigilancia Volcánica se instaló en 1994 después de la erupción del Cerro Negro en 1992 y gracias a la ayuda del Japón.

3. La actual Red Sísmica Nacional se comenzó a desarrollar en 1993 después del maremoto de 1992, y gracias a la colaboración de varios países donantes.

4. Las primeras estaciones hidrométricas y meteorológicas operando en tiempo real vía satélite, el Centro de Pronóstico Hidrológico, y la recepción continua de imágenes de satélites meteorológicos de alta resolución, se comienzan a instalar en el año 2000 como consecuencia del huracán Mitch, gracias a la colaboración del Gobierno de Estados Unidos.

5. La creación de una pequeña Unidad de Deslizamientos la autoriza el Ministerio de Hacienda y Crédito Público en 1999, después del deslizamiento del Casita, y ha funcionado gracias al apoyo de los Gobiernos de Estados Unidos y Noruega, principalmente.

Como consecuencia de tanto desastre, en los últimos años se han realizado en el país importantes avances tecnológicos para la prevención de desastres naturales en el monitoreo y alerta ante fenómenos naturales peligrosos; en la ejecución de estudios e investigaciones científicas sobre las amenazas naturales; y en la divulgación de información en tiempo real y diferido.

Aunque todavía falta mucho por hacer, Nicaragua dispone actualmente de una capacidad técnico-científica que es considerada modelo en la Región Centroamericana, tal como ha sido manifestado por organismos internacionales como el PNUD, CEPREDENAC y otros, y que incluso ha comenzado a ser replicada en otros países de la Región.

Estos avances tecnológicos han sido posible gracias al apoyo recibido de los Gobiernos e Instituciones de Estados Unidos, Alemania, Noruega, Suecia, República Checa, Japón, Suiza, Finlandia, España, México, Inglaterra, Canadá, y de la Unión Europea como organización.

La continua modernización y seguir avanzando en lo que todavía falta por hacer deber ser una meta de nuestro país. El principal reto, ahora, es sostener y operar eficientemente esa infraestructura técnico-científica que tanto ha costado construir.

El autor es director de Ineter.  

Editorial
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