Un año para la historia

El año 2002 pasará a la historia porque en este lapso ocurrió el hecho sin precedente de que un ex gobernante, Arnoldo Alemán, fue enjuiciado por delitos de corrupción y fulminado con auto de prisión.

Ciertamente, Arnoldo Alemán no está todavía realmente encarcelado, sino en “prisión domiciliar” que es una condición penal que no existe en la legislación nicaragüense, pero le fue concedida como gracia por un par de juezas cuyas motivaciones aún no están claras. Pero el hecho es que Alemán está técnicamente preso para todos los efectos legales y políticos, confinado en los límites de su lujosa residencia que sólo pudo construir cuando estaba en el poder, y esperando un tribunal de jurados que ineludiblemente debe condenarlo si se considera la cantidad y contundencia de las pruebas en su contra que rolan en el voluminoso expediente de este histórico caso criminal.

Este es un hecho de trascendencia histórica, porque entre los 59 gobernantes que ha tenido Nicaragua en 181 años de vida política independiente, Arnoldo Alemán es el único que ha sido acusado y enjuiciado por corrupción.

Varios gobernantes y ex gobernantes de Nicaragua terminaron mal, algunos inclusive asesinados. Manuel Antonio de la Cerda fue fusilado (Rivas, noviembre de 1828); Juan Argüello falleció exiliado (Guatemala, 1830); José Zepeda fue asesinado (abril de 1837); Cleto Ordóñez murió en el exilio (Guatemala, 1839); a José Santos Zelaya lo derrocaron y murió en el exilio (Nueva York, 1919); Leonardo Argüello fue derrocado y murió exiliado(México, diciembre de 1947) y Anastasio Somoza García fue asesinado (León, septiembre de 1956), y aunque se le señaló de corrupto nunca se le acusó ni enjuició.

También Anastasio Somoza Debayle fue derrocado (julio de 1979), e igual que a su padre se le señaló como corrupto, pero tampoco se le acusó ni juzgó por eso. Sólo el ex presidente Alemán cargará para siempre la ignominia de una vergonzosa acusación y sentencia judicial por cometer actos de corrupción en el ejercicio del poder.

Algunos opinan que la acusación y juicio contra Alemán es una tragedia para él y sus familiares, pero también una vergüenza para Nicaragua de la que nadie debería alegrarse. Pero no se trata de regocijarse por el mal de Alemán ni de nadie, sino de reconocer y celebrar el hecho trascendental de que por primera vez en la historia de Nicaragua un ex gobernante es llevado a los tribunales para tratar de hacerle pagar por el inmenso daño que le hizo a la nación. En todo caso, lo vergonzoso es que algún otro ex gobernante permanezca impune después de que organizó y perpetró el despojo más grande de propiedades particulares y del Estado que se ha registrado en la historia, como fue la piñata sandinista.

En realidad, que Alemán sea procesado y sentenciado por corrupción es motivo de orgullo para Nicaragua porque demuestra al mundo que, a pesar de todo, esta nación tiene fibra moral y agallas suficientes para acusar y enjuiciar a los corruptos, por muy poderosos que sean, así como voluntad para implementar una nueva forma de gobernar, eficiente, íntegra y transparente.

Ojalá que este precedente sirviera de ejemplo a quienes a partir de ahora gobernarán en Nicaragua, para que sientan temor a la justicia del Estado, de la sociedad y de la historia, y no vuelvan a abusar de los altos cargos que les confía el pueblo, o al menos no de la manera tan descomunal y desvergonzada como se hizo en el gobierno anterior.

Y quiera Dios que también los ciudadanos aprovechen esta lección y aprendan a elegir buenos gobernantes y a no votar por cualquier aventurero inescrupuloso, por muy simpático que sea. En realidad, los electores deberían responder al principio de responsabilidad, a fin de no volver a cometer el error de elegir como gobernante a ningún bribón que se apropie de los recursos públicos para enriquecerse personal y familiarmente, sólo porque “roba pero comparte”.

Es necesario hacer el esfuerzo de que el precedente histórico de Arnoldo Alemán sirva para motivar el establecimiento de controles institucionales y sociales efectivos sobre la administración pública, y para que los ciudadanos no sigan eligiendo a políticos que de previo se les conoce como corruptos e indeseables.  

Editorial
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