Marco A. Valle Martí[email protected]
El liderazgo a escala nacional y, principalmente en municipios, ciudades, comarca y, barrios, es un factor primordial que debe desarrollarse para lograr mejores niveles de seguridad ciudadana.
Los problemas de delito, delincuencia y violencia, por sí mismos, no llevan a la comunidad a activarse y movilizarse en función de contrarrestarlos. Los robos, violencia intrafamiliar y sexual, drogas, homicidios, accidentes de transito, y pandillas, entre otros, pueden perpetuarse —y hasta consolidarse en algunos casos— si no se articula una voluntad nacional (y local) cuyos motores sean los y las líderes en cada escala de la sociedad.
Los líderes de la seguridad ciudadana no nacen, sino que se hacen sobre la marcha en la medida que su visión, aportes, comportamiento y conducta contribuyen a cumplir las metas que se propone la comunidad. Líder es quien desentraña las necesidades más sentidas, acerca posiciones, relega divergencias, e impulsa acuerdos sobre tareas y acciones que mejoran la seguridad ciudadana. En resumen, líder —hombre, mujer, alcalde, policía, empresario privado, educadora, etc.— es quien lleva a la comunidad a lograr metas socialmente útiles.
Esa posición de líder no es eterna ni estática, sino un proceso donde periódicamente la comunidad lo evalúa y mide sobre la base del balance del cumplimiento de los propósitos perseguidos. Alguien podría ser líder hoy y no necesariamente mañana. Al fin y al cabo, se puede tener autoridad formal y no ser líder, y el impulso de tareas que debiliten la delincuencia, violencia y delito exigen líderes, no nombramientos de dedo o amiguismos.
El trabajo de seguridad ciudadana está cruzado por valores en conflicto que el líder debe estudiar al mismo tiempo que busca como traslaparlos, de tal manera que los valores guías—que son los constructivos— puedan ocupar, en equilibrio dinámico, el lugar de orientadores de la comunidad.
La solidaridad, justicia, respeto de los derechos humanos, honradez, participación comunitaria, trabajo, desarrollo humano, probidad, cumplimiento de las leyes, cumplimiento de lo prometido, e igualdad de género son algunos valores guías que el líder debe promover y legitimar, en contraposición con aquellas conductas que tratan de reforzar la violencia, el robo, la corrupción, la violación de las leyes, la adicción de drogas ilícitas, la criminalidad, y la irresponsabilidad al conducir automotores, entre otros.
Se trataría, entonces, de observar y debatir al interior de la comunidad sobre sus valores, particularidades y apreciaciones acerca del tipo de problemas mas sentidos y jerarquías que le otorgan, lo mismo que alrededor de la disposición que expresan sus integrantes para involucrarse —de diferentes formas— en contribuir a neutralizarlos. Unas más, otras menos, pero todas las comunidades tienen potencialmente los deseos de emprender acciones por su seguridad ciudadana, siendo el reto, por tanto, saberles llegar al punto que permita encender el motor de la activación y la movilización en pro de los objetivos acordados. Líder es quien logra conducir la comunidad a ese punto.
De cara, entonces, a la tendencia nacional e internacional de aumento de la peligrosidad del delito, delincuencia y violencia, vale la pena desarrollar estrategias de intervención local y promover liderazgos con enfoques preventivos, con miras a coadyuvar a alcanzar un ambiente favorable a la inversión nacional y extranjera, creación de empleos y reducción de la pobreza.
El autor es consultor en seguridad ciudadana.