La solvencia económica de Vicente López le permite recordar sin remordimientos aquella histórica victoria sobre Cuba en 1972.

“Cuba nos temía”

Vicente López recuerda aquellos gloriosos momentos de 1972 Wilder Pérez R. [email protected] Vicente López es una especie rara de vieja gloria del deporte en Nicaragua. A sus 54 años de edad, tiene un negocio próspero que llama “Arroz el Receptor”. Vive en la misma casa de siempre en San Isidro, a más de 100 kilómetros […]

  • Vicente López recuerda aquellos gloriosos momentos de 1972

Wilder Pérez R. [email protected]

Vicente López es una especie rara de vieja gloria del deporte en Nicaragua. A sus 54 años de edad, tiene un negocio próspero que llama “Arroz el Receptor”. Vive en la misma casa de siempre en San Isidro, a más de 100 kilómetros al norte de Managua, en buenas condiciones, rodeado de fotos entre las que sobresale una con Roberto Clemente y otra con Pedro Selva.

Su recuerdo del mundial de 1972 es perfecto, pero como una cinta fílmica difícil de editar, porque le da placer contarlo todo desde el inicio, milimétricamente, hasta el final, no importa el orden de las preguntas, él contará la historia cronométricamente.

Con su gentileza característica atendió al equipo de LA PRENSA, contando aquel juego ganado a Cuba hace 30 años en Nicaragua.

¿Cómo valora aquellos recuerdos?

Esos son recuerdos bien bonitos, inolvidables, siempre me preguntan cuál ha sido la Serie Mundial más buena y agradable que hemos vivido, y siempre saco conclusión que fue ésa, lógicamente por ser en mi país, pero también fue la mejor organizada entre todas las que anduve.

¿Qué sintió al conectarle el jonrón a Cuba?

Es algo común y corriente cuando uno le pega fuerte a la bola y uno ha sido jonronero. En ese momento uno se emociona, dicen mis hermanos que cuando yo iba doblando tercera ellos me gritaban que levantara la cabeza para ver mi reacción, se le pone una cosa a uno… es como tener a un enfermo enfrente, que uno quiere llorar pero no puede, su organismo no reacciona, es como que le sale a uno un doble personaje.

¿Esa fue su máxima emoción?

Me emocioné más en ese juego cuando César Jarquín hace el doble play con primera y tercera ocupada, se acumulan un poco de emociones y ahí sí que es una locura, ahí no sabe uno lo que está haciendo, no sé si estoy emocionado por el jonrón que pegué, porque le ganamos a Cuba, por la cogida de Jarquín, o por la bulla que hace el público.

¿Qué pasó en ese momento?

No pude ni saludar a Julio Juárez. La gente se tira a (la grama) me agarraron como pelota y me estaban tirando para arriba y no sé ni qué hacer, me sacaron en el aire del estadio, perdí todo, hasta la camisa.

¿Cómo manejó a Juárez?

A como se hace hoy en las Grandes Ligas, la seña venía del manager o el coach de pitcheo, el difunto Tony Castaño nos daba la seña. Además Tony dijo que sólo le hiciéramos caso a él.

¿Con qué recursos se venció a Cuba?

Juárez, su curva, su cambio, su knuclke ball (bola de nudillos) y tirando bajito.

¿Cómo jugaron?

Siempre con Cuba jugamos bien abiertos, con mucha confianza porque Cuba nos tenía miedo a nosotros, jugábamos relajados. Cuba se presionaba con nosotros.

¿Qué fue lo más importante?

Lo importante fue que hicimos un buen papel por Nicaragua a pesar que en la radio decían que nos habíamos pasado de entrenamiento y demostramos lo contrario.

¿Qué quedó de todo eso?

En el amateur lo que le queda a uno son los viajes. Yo llegué al tercer año de bachillerato y mi universidad fue salir a todas partes del mundo.

¿Ninguno de esos viajes superan la experiencia de aquel juego contra Cuba?

En ese particular soy como Pedro Martínez, que le preguntaron qué se sentía ser el mejor, él dijo que él no se considera el mejor, pero en el fondo de su corazón dice que él es el mejor.

¿Qué dice su corazón?

Yo digo que comparto la opinión de toditos, pero en el fondo digo que fui el mejor. Cuando Porfirio y Ernesto se fueron yo me iba a ir con ellos. Pero yo tenía dos camiones, uno lo tenía chocado en Costa Rica, nos iban a dar dos mil dólares mensuales, entonces yo les dije que si me daban cinco mil dólares me iba si no, no, pero no pude irme porque no me reparaban el camión en Costa Rica. Yo hubiera llegado, tenía 27 años, fue en el año 1978, yo miraba la bola del tamaño de esta casa, fui campeón bate, pegué 37 jonrones ese año.

¿Qué hace ahora?

Trabajo con arroz, compro y vendo en los mercados, tengo dos camiones que los andan mis hijos, tengo 51 manzanas de arroz, estoy por cosechar. Aquí va el venadito, en mis facturas dice: Arroz El Receptor.

A José Antonio Huelga le bateaba bien. Ese día mi padre me llamó y me dijo: hijo vengo a verte jugar por primera vez, no me hagás quedar mal, le dije que haría lo posible. Siento más emoción ahora que cuando jugué.

ROBERTO CLEMENTE

Nosotros fuimos a jugar en varios campos de Grandes Ligas, y nos contaron los nicaragüenses de California, nos contaban de las grandes atrapadas que hacía.

Una gran persona, con Clemente estuve platicando, me acuerdo que yo le bateé a Puerto Rico y me dijo que me quería matar porque le había pegado un jonrón, te voy a matar porque me mataste el partido.

Le dije que quería hacerme una foto con él para tenerla de recuerdo, nos tomamos la foto y ahí está. Esa foto me la hizo Cruz Flores, aquí vino la esposa de Clemente a inaugurar la foto de San Isidro, me pidió la foto que se la regalara para llevársela, pero le dije que no, que la tenía de recuerdo.

En ese momento, siendo un hombre que dio la vida por Nicaragua por traer ayuda, uno lógicamente siente dolor como deportista, que como deportista una aprende valores buenos, uno se siente hecho paste. Cualquiera queda consternado.

Clemente, tremenda persona, un pelotero con una gran capacidad, cómo defendía al latino, decía que en los EE.UU. no había un pelotero mejor que él, y uno no podía hablar mal de un latino porque él decía que los latinos eran buenos y los defendía, de esas personas hoy en día no se encuentran.  

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