Lorena [email protected]
Ante la discusión del presupuesto, con las limitaciones de recursos, con las grandes demandas de la población, no queda más que hacer una reflexión profunda de qué se debe hacer para “aumentar la cobija” de manera que se pueda cumplir con las necesarias demandas de la población que día a día, según se ve en los medios de comunicación, piden más porcentaje del presupuesto, además de los que no pueden alzar su voz para pedirlo.
Todos piden, pero pocos se preocupan por saber el “mal del hoyo que conoce la cuchara”. Pareciera que a veces se elige vivir como en el limbo y adoptar un comportamiento como el de adolescentes que piden a sus papas los subsidios para resolver todo. La apatía que se ve en tantos nicaragüenses, que únicamente reaccionan cuando son directamente afectados, es una práctica sumamente peligrosa y el origen de la mayoría de los males. Es como si se tuviera que jugar en un equipo, y se haga sin integrarse con los propios jugadores. El hecho de no sumar las calificaciones de otros, y hacer la fuerza de sumar los esfuerzos, coloca a las personas en la situación de debilidad y así no se puede progresar. En un juego, es con la participación de todos sus integrantes que se logra el triunfo y especialmente con cumplir de manera rigurosa las reglas, pues de lo contrario se le saca de la cancha o sencillamente se le descalifica para futuros encuentros. Igualmente en Nicaragua hay que trabajar unidos y respetar las reglas del juego.
Viendo la capacidad de producción de Nicaragua, y cómo se distribuye el presupuesto, es imperativo considerar la reducción drástica de los Poderes del Estado, como lo están planteando clamorosamente sectores representativos del mundo político social y económico. La estructura de Estado no es sostenible. Esta es una tarea que no puede posponerse.
Simultáneamente hay que cambiar el discurso de “porque somos pobres” estamos así. Al respecto repito un argumento que ya he comentado en otras ocasiones: los nicaragüenses fuera de su país son —somos— unos trabajadores extraordinarios, responsables, con ganas de aprender y de superación, pero aquí nos volvemos carga y pasamos a ser meramente promedio, sin dar frutos. Y lo peor, con la cantaleta de la pobreza se justifica cada ápice de ineficiencia. Qué tragedia. Mientras haya ese falso orgullo y se justifiquen todos los errores por ser pobres, jamás será posible proponerse dejar de serlo. Lo primero es más cómodo. Y entonces se insistirá, y todavía con altivez y prepotencia se exigirá que la comunidad internacional tiene que “regalar” a Nicaragua los fondos, que los mismos nicaragüenses no quieren producir porque son pobres. Incluso, a veces se es tan destructivo, que si se ve a alguien con iniciativa, con ganas de poner el empeño y hacer bien las cosas, los compañeros se apuran a descalificar al buen trabajador, a hostigarlo, a ejercer la presión por medio del rechazo, hasta terminar con las actitudes positivas, en niveles más ejecutivos a “serrucharle el piso” porque se vuelve una amenaza.
Quisiera convocar a todos a rebelarnos y dejar de comportarnos como promedio y sobrevivir con el mínimo esfuerzo. Tenemos que ser nosotros y no permitir que nadie nos robe nuestros principios, algo que está en crisis en Nicaragua. Me rebelo a renunciar a mi sueño que entre todos, si nos proponemos, podemos lograrlo. He oído muchas expresiones, que las cosas malas que hacemos los humanos, muchas veces no es culpa del que lo hace sino de las influencias que tuvo, que responde a alguien, que es víctima de las circunstancias, que no tenía otra opción. Lo siento, estamos en este mundo como parte del plan de Dios. Cada uno individualmente es responsables de sus propios actos, no del marido, los hijos, padres, hermanos, jefe, líder, etc. ¡No! Cada quien debe responder por los suyos “únicamente. Así que hay que empezar a asumir la obligación que cada quien tiene. Cada uno donde está puede hacer la diferencia. Los invito a que empecemos a asumir nuestras responsabilidades, y no permitir que el mal nos utilice para destruirnos.
La autora es miembro de la Junta de Directores del CONPES.