Buenos amigos en tiempos oscuros

Hortensia Rivas Zeledón

El discurso que pronunció el viernes 22 de noviembre la embajadora estadounidense, señora Barbara Moore, en el que instó a los diputados liberales a que no sigan permitiendo que la Asamblea Nacional sea un refugio de quienes le roban al pueblo, me trajo a la memoria los tiempos oscuros de los ochenta, aquellos años difíciles en los que vivíamos dentro de un largo y oscuro túnel que aparentemente no tenía salida, tiempo en que la democracia parecía ser sólo un sueño inalcanzable de los nicaragüenses amantes de la libertad.

Sin embargo, en medio de aquellas terribles dificultades siempre hubo un grupo de personas valientes, que enfrentaban al régimen totalitario y luchaban porque se estableciera un sistema democrático basado en el más irrestricto respeto a las libertades individuales, a la libertad de expresión, a la libertad de empresa, a los derechos ciudadanos a la igualdad ante la ley, a la propiedad privada; y porque se le respetara a la mujer su más íntimo y sagrado sentimiento, como es el amor de madre que era ultrajado por el servicio militar obligatorio.

Eran muchos y muy sólidos los ideales, principios y valores que nos impulsaban a sostener aquella lucha tan desproporcionadamente desigual. Y la ilusión de ver a Nicaragua libre, en democracia y bajo un verdadero estado de derecho, nos animaba a seguir adelante, con fe en nuestra justa lucha.

Pero no sería justo ni correcto dejar de señalar que en aquellos tiempos oscuros y difíciles los luchadores cívicos por la libertad siempre tuvimos el apoyo y la solidaridad de muy buenos y verdaderos amigos que en todo momento nos dieron ánimo, que siempre nos hicieron sentir que no estábamos solos y que contábamos con su amistad. Lo cual hizo posible que siempre mantuviéramos viva la esperanza en que un día habría de brillar para nosotros el sol de la libertad.

Aquellos amigos que contribuyeron grandemente con el pueblo nicaragüense para que saliera de la oscuridad del túnel y se enrumbara hacia la luz de la democracia, eran Jack Leonard, Encargado de Negocios de los Estados Unidos de Norteamérica; Yoshizi Konishi, Embajador del Japón; y Josef Ruznak, Embajador de la República Federal de Alemania. Y lo menos que podemos hacer es recordarlos con gratitud, porque en las dificultades es que se conoce a los verdaderos amigos.

Leonard, Konishi y Ruznak siempre estarán en nuestros mejores recuerdos por todo el ánimo que nos dieron y por la fe que infundieron a quienes en aquellos tiempos oscuros y en las condiciones más difíciles luchábamos por la libertad.

Ahora estamos de nuevo pasando por tiempos difíciles —aunque no tan trágicos como los de los años ochenta— porque algunos malos hijos de Nicaragua están apañando a los corruptos, se valen del cargo de diputado para encubrir a los que saquearon los dineros del pueblo y bloquean la lucha contra la corrupción que valientemente ha emprendido el señor presidente don Enrique Bolaños.

Y precisamente en estos momentos surge de nuevo una voz extranjera amiga de Nicaragua, la de la embajadora Barbara Moore, que con su discurso contra la corrupción le devuelve a muchos nicaragüenses la esperanza de que siempre hay buenos amigos en los tiempos oscuros.

La autora es directiva del Partido Conservador.  

Editorial
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