Bertha Silva [email protected]
Para conquistar el objetivo fundamental y trascendente en la vida del hombre humano y espiritual, éste debe propiciarse el tiempo que le permita conocer a fondo sus inquietudes, necesidades y prioridades desde una perspectiva objetiva, encumbrando los principios fundamentales que enaltecen al hombre pleno. Ya que la persona ha sido hecha a imagen y semejanza del Ser Supremo, su naturaleza humana y divina debe tomarse en cuenta a la hora de penetrar ese universo infinito que habita en él. El objetivo en mención no es otro que la búsqueda del hombre por la felicidad. Al ser éste un ser formado por dos naturalezas opuestas y cuyas necesidades son totalmente disímiles, concluimos, que a la hora de emprender esta búsqueda, se tomará en cuenta ambas naturalezas. Estar conscientes que las actitudes y acciones definen nuestros destinos, será, con seguridad, de gran ayuda al momento de tomar nuestras decisiones, la ley “causa – efecto” es real y somos el resultado de las acciones por las que optamos en la vida, esto significa, que la realidad cotidiana obedece, mayormente, a lo que decidimos y hacemos. Actuar de acuerdo a los principios fundamentales, nos redime de las cadenas que atan al ser que habita en nosotros. Al hablar de principios me refiero a un conjunto de leyes que ennoblecen y dan sentido a la existencia del hombre y que definitivamente elevan la naturaleza humana, a un nivel de armonía con el espíritu. Los principios de rectitud, justicia, conocimiento, paciencia, humildad, excelencia, integridad, honestidad, entre otros, son elementales para la consecución del fin en mención, si carecemos de esta base, podremos llamarnos de todo, menos seres felices. El dinero, éxito profesional y logros personales, sólo tienen sentido, ante la conciencia, cuando provienen de acciones derivadas de nuestros principios. Quien es dueño de los principios universales, podrá avanzar en dirección ascendente, independientemente de las experiencias negativas con las que tenga que lidiar. Quien vive de la convicción de los principios y no de actitudes de apariencia o éticas de personalidad, tendrá la capacidad de dar respuestas consistentes, para sí mismo y el prójimo. Las técnicas de la personalidad son soluciones rápidas a problemas profundos, el hombre debe responder a disciplinas de vida, pues vivir “la libertad” que admite desordenes e imposiciones que derivan de los deseos es poner en severo riesgo el verdadero compromiso del individuo por su búsqueda hacia este fin. El individuo debe canalizar su potencial hacia la perfección, que si bien ésta no podrá nunca alcanzarse, de lo que se trata es de la lucha perseverante del hombre por enrumbar sus pensamientos y acciones hacia condiciones que enaltezcan su ser. El errado concepto de “orgullo” y “egoísmo”, deseoso de situarse en la cumbre más alta y confortable, irónicamente, ubican al hombre en la legión de los inservibles y fracasados, viviendo vidas conflictivas y miserables, pagadas por el alto costo de los principios y respeto hacia la persona misma. Finalmente, el hombre tiene la última palabra, deberá hacer uso de sus facultades para cumplir con la sagrada misión de su búsqueda por la felicidad… y en su libertad, elegirá el camino que lo lleve al verdadero encuentro de su realidad. Camus decía: “Me reí mucho al ver que el pez en el agua tenía sed.” Ésta es nuestra propia realidad.
La autora es asistente de la gerencia general de FINDESA.