Mauricio Mendieta [email protected]
En la semana recién pasada, encontrándome en compañía de mi esposa y un grupo de amigos en un restaurante bar de reciente inauguración, se acercó a nuestra mesa, en estado de ebriedad, el diputado Arnoldo Alemán para reclamarme, recriminarme y amenazarme con enviarme nuevamente al exilio por haber expresado mi criterio, el cual mantengo y sostengo, en un artículo publicado en esta misma página de opinión hace algunos meses y que titulé: “Y se la robaron tres veces”, refiriéndome a que Nicaragua había sido saqueada en tres oportunidades y por tres gobiernos diferentes, y que obviamente una de ellas había sido bajo la administración Alemán.
Parte de lo expresado en dicho artículo, no lo he ni inventado yo, ni tampoco responde a percepciones subjetivas. El mismo presidente de la República, Ing. Enrique Bolaños, dijo públicamente que su gobierno había encontrado vacías las arcas del Estado, ya que en el Banco Central existían únicamente 16 millones de dólares en reserva. La Procuraduría General de Justicia por su lado ha presentado cuantiosas pruebas de actos de corrupción cometidos tanto por el diputado Alemán, como por su pandilla.
En sus recriminaciones el diputado me preguntó con su característica vulgaridad y prepotencia, que si él a mí me había robado algo, a lo cual le respondí, que a mí en lo personal, no, pero que al pueblo de Nicaragua sí, y a continuación de esta respuesta fue que me amenazó con enviarme nuevamente al exilio.
Con palabras groseras, inconvenientes de repetir y publicar por respeto al lector, me reclamó no haber tenido según él, valor suficiente para haberle dicho en su cara los conceptos expresados en dicho artículo. Considero que se requiere de más valor exponer públicamente una opinión. En este caso en especial, la opinión y el criterio tienen obligatoriamente que publicarse, porque el pueblo nicaragüense en general y las clases más empobrecidas en particular, son las agraviadas.
Valor, le digo al diputado Alemán, se requiere para renunciar a su inmunidad para responder y probar su inocencia ante los tribunales de justicia por los delitos que se le acusan. Cuando él tomó posesión como Presidente de la República juró lealtad a la Patria. Parte de esa lealtad es cuidar y ser custodia de las arcas del Estado y transparente y honrado en la administración pública de los bienes de la nación. Al final de la toma de su juramento se dijo, que si no cumplía con sus responsabilidades y obligaciones como gobernante, que la Patria os lo demande, y la Patria en este momento señor diputado, le demanda despojarse del ropaje de su inmunidad para asumir las responsabilidades que le corresponden.
El autor es médico.