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La última Cumbre Iberoamericana de presidentes, además de ratificar, desempolvar y aprobar viejas y presentes resoluciones sobre el acontecer meridiano de la región extra Continental, aprobó unánimemente una resolución de apoyo al Presidente de la República, Enrique Bolaños, en su lucha contra la corrupción, en la que éste viene tratando de sentar las bases para establecer un nuevo orden ético en la gestión pública, que tome distancia del paternalismo y la corrupción histórica que por tradición y bajo ciertas excepciones, ha dominado en Nicaragua y los demás estados miembros de este bloque de naciones.
Esta actitud conlleva en sí, el retorno hacia una nueva visión de la comunidad internacional sobre el país. Esta vez no serán las invasiones, las intervenciones, la pólvora incendiaria ni la conspiración silenciosa ni las glorias literarias o deportivas del pasado y del presente, ni los torrenciales aguaceros ni los devastadores terremotos las que mencionen en el tapete de los encumbrados escenarios internacionales, con morbo y elocuencia informativa, el nombre de Nicaragua y su figuración como país en busca de un destino y una identidad propia. Se trata ahora de la lucha contra la corrupción, la cual viene generando credibilidades más certeras en el conglomerado internacional, capaces de solidificar el prestigio del nuevo gobierno como catalizador de una nueva mística pública.
Se trata de un respaldo sólido, unánime, coyuntural, el cual en medio del complejo engranaje local en el que el mandatario Bolaños viene ejercitando su gestión, e incluso dentro de los problemas y debilidades propios de la difícil gerencia pública, vigoriza una vez más la credibilidad de su gobierno y que, por surgir precisamente en esta nación, atomizada por bruscos cambios sociales y enaltecida por viejas y nuevas revoluciones, así como por regímenes dictatoriales de derecha e izquierda, todos ellos endiabladamente cuestionados por la historia oficial y ficcionaria, lo vuelven modelo de inspiración administrativa sobre todo para la América Latina en general, que no logra desprenderse de los vicios tradicionales del presidencialismo existente.
Pero este respaldo, ¿qué de bueno tiene para los nicaragüenses desempleados o bien, para aquéllos que, identificados con la política de “La Nueva Era”, encuentran algunas piedras en el zapato en el deprimido ambiente socioeconómico que actualmente existe en el país? Evidentemente que mucho de positivo, aún cuando parezca demasiado elitista, abstracta y protocolaria esta Cumbre de mandatarios, reunidos en Punta Cana, embalsamados en mansas guayaberas tropicales y acribillando probablemente a los calores caribeños con uno que otro refrescante bachatazo dominicano.
El hecho de que dichos mandatarios hayan emitido este respaldo en las condiciones actuales, en que el Gobierno enfrenta una inusual lucha política contra la voracidad administrativa por parte de ciertos funcionarios del gobierno anterior, y en medio de la actual recesión económica mundial y sus repercusiones en la vida nacional, le restituye una vez más, los votos de confianza ciudadana necesarios para continuar esta lucha contra la corrupción, así como también para delinear estrategias de desarrollo social traducidos en la generación de empleos, fomento de la inversión extranjera y promoción de la agroindustria, como en realidad se ha venido evidenciando quizás sin el bombo publicitario ni la parafernalia propagandística de administraciones anteriores.
Presidentes de América Latina así como de la Península Ibérica, ratificaron su compromiso en la lucha contra la corrupción, a fin de fortalecer los sistemas de gobierno, la institucionalidad democrática, la gobernabilidad y la mejoría de los niveles de vida, alentando al pueblo y gobierno de Nicaragua, “a crear un nuevo ambiente de ética pública, moral y social”, determinación internacional que anteriormente no había generado este tipo de expectativas en la clase gobernante, ni siquiera en la generada por la revolución sandinista y su emblemático “hombre nuevo” que tanto pregonó en la década de los 80.
A través de este primero y difícil año de reacomodo institucional, esta evidencia de la lucha contra la corrupción, resulta ser la garantía más viable para la recuperación y saneamiento de la economía nacional.
Meses atrás, Michael Porter, un brillante economista encubado en las pizarras de Harvard, definió esta iniciativa como la ruta más eficaz para emprender cualquier despegue hacia un futuro competitivo pero digno. Centroamérica, Estados Unidos y la Unión Europea han aplaudido esta iniciativa gubernamental que ahora, los presidentes de las Américas, España y Portugal, ratifican como la más grande oportunidad para que Nicaragua salga adelante, en este presente que exige retos y lealtades para que esta nueva leyenda de la ética pública, se convierta en una realidad aplaudida por todos. Iberoamérica ya lo hizo.
El autor es escritor y periodista.