Las enciclopedias y la revolución informática

Emilio Álvarez Montalván

Desde que a finales del siglo XVIII un grupo de prominentes intelectuales y políticos franceses (Diderot, Rousseau, D’Alambert, Fubón, etc.) decidieron recoger por orden alfabético los conocimientos entonces en boga, no cambió mucho el formato de las enciclopedias, editadas en numerosos y pesados volúmenes, difíciles de conservar completos. Aunque las demás culturas europeas siguieron aquel modelo, la colección Pierre Larousse iniciada en 1852 se convirtió en el paradigma de la civilización francesa.

En ese contexto acaba de inaugurarse en París, en el Palacio “La Decouverte”, una exposición retrospectiva de la producción de la casa Larousse. Sin embargo, su vástago que ha conseguido mayor popularidad fue “el pequeño Larousse ilustrado” que ahora se publica anualmente en más de doce idiomas. Esta párvula obra, editada desde 1905, es un obligado asesor de escritores o ciudadanos corrientes que encuentran ahí las últimas versiones de la semántica, hechos, sitios y personajes del mundo entero.

El secreto del éxito de Larousse fue incorporar al diccionario tradicional ilustraciones a todo color de aquello que el texto describía, recurso atractivo para el lector. Además incluye dos secciones más; una con locuciones latinas y proverbios de uso corriente (páginas rosadas) y otra con micro biografías. No obstante, en el caso de Nicaragua reclamamos que situaron a nuestro Río San Juan como frontera con Costa Rica, error que deberán corregir en próximas ediciones.

Por otra parte, lo original de la edición del “pequeño Larousse ilustrado” es el CD-ROM que adjunta, que si bien lo ofrecen otras enciclopedias, en ésta se puede captar además mensajes audiovisuales breves y animados. Por ejemplo, cuando llamamos la palabra “magnetoscopio” (o video casete) ésta aparece con dos iconos; uno con la descripción del objeto y otra que muestra su funcionamiento, como en el caso del corazón, ojo y oído.

Lo atractivo, sin embargo, es la capacidad de este CD-ROM de producir lo que llaman los expertos “hipertexto”, que descifra hasta sus últimas consecuencias el significado de cualquier palabra. Supongamos por ejemplo que nos interesa el término “Polka”, descrito como una danza popular en Bohemia. En tal caso con un doble clic sobre ese vocablo, nos enteramos que dicha región está en Chequia, conociendo de paso algo sobre su historia. Ello proporciona flexibilidad y profundidad a lo investigado.

Comentando esas maravillas con mi amigo, técnico en la materia, me advirtió que la informática ultramoderna exige disponer al lado un ordenador tipo Penthium 133, con 32 MB de RAM instalados en Window 1998-2000, o NT 4.0, con un CD-ROM, tarjeta de video y otra de audio, un sound blaster 16 y un MODEM conectado con internet. O sea, que para disfrutar de la tecnología de punta, debemos seguir el ritmo cada vez más acelerado, cambiante y costoso de aquellos avances y olvidarnos del viejo diccionario que mantenemos al alcance de la mano. Todo depende del gusto y capacidad económica.

El autor es analista político y miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.  

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