Sinvergüenzas

Freddy Potoy [email protected]

Con tamaña sinvergüenzada de lo que ha ocurrido en la ejecución del Sistema Integrado de Gestión Financiera, Administrativa y Auditoría (Sigfa), en los últimos seis años, no puedo pensar otra cosa que los funcionarios o representantes de la banca multilateral, también son un grupo de corruptos con “etiqueta mundial”.

Pero también los funcionarios gubernamentales son incapaces de hacer prevalecer los principios y el respeto que se merece un Estado. Se dejan imponer prácticas corruptas de organismos extranjeros que al final deciden quiénes ejecutarán los proyectos, cuánto ganarán y qué es lo que harán a su conveniencia.

Gran parte de la culpa la tienen los funcionarios nacionales y el gobierno de turno al momento de suscribir acuerdos, firmar convenios de cooperación o préstamos para ejecutar proyectos. Los nacionales también se deslumbran por los “buenos dólares” que les ofrecen y en virtud de “estar bien”, permiten una serie de tropelías como las que LA PRENSA ha publicado sobre el caso del Sigfa.

Los organismos financieros están acostumbrados a imponer sus condiciones en los proyectos para beneficiar a un grupito de coterráneos suyos (extranjeros), quienes se han constituido en verdaderos comerciantes de proyectos que juegan con las desgracias de los pueblos pobres o subdesarrollados.

Este problema no ocurre sólo en Nicaragua, sino que en toda América Latina, en países subdesarrollados, en otros en vías de desarrollos y principalmente en aquellos lugares que están saliendo de una catástrofe natural o de una guerra.

Estos comerciantes de proyectos exigen a países como Nicaragua elaborar políticas de Estado a la conveniencia de ellos, que los nacionales abran los mercados a sus inversionistas y finalmente, orientan que un grupo de “consultores”, “asesores” o “especialistas”, sean los principales impulsores de determinados proyectos en el país. ¿Qué tal?

Recuerdo el caso de un señor llamado Luis Durán, que daba la impresión de ser el “Rambo” que combatiría la pobreza en Nicaragua. Pues ese señor ganaba nada más y nada menos, unos 23 mil dólares de salario mensual, más otros beneficios que tenía.

Durán fue Secretario Técnico de la Presidencia de la República del gobierno de Arnoldo Alemán. En ese tiempo, él ganaba 23 mil dólares, pero supuestamente no era un megasalario, sino apenas un salario digno de un funcionario a quien el Banco Mundial tuvo el gesto amable de prestárselo a Nicaragua para que la guiara por la senda del desarrollo.

Tan resentido estaba de las críticas a su condición de súper funcionario, que hasta amenazó con renunciar, cosa que Alemán reclamó, en particular a los medios de comunicación, por considerar una total irresponsabilidad ya que por esas críticas Nicaragua corría el riesgo de quedarse sin tan importante cerebro.

Pero también resulta que los proyectos de reforma al Estado, los proyectos de reformas al sistema judicial y todo lo que inventan cada día en nombre de la “modernización y el desarrollo”, no es más que ese círculo vicioso de repartirse jugosas cantidades de dinero.

Esos millones y millones de dólares que se embolsan de esta manera, bien pudieran ser utilizados en mejorar los caminos en mal estado en Nicaragua, aumentar hasta 100 dólares per cápita la atención en salud, que es el promedio que se invierte en el resto de la región; mejorar el salario de los maestros o el de un policía de línea.  

Editorial
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