Otra vez se discute en la Asamblea Nacional la propuesta de votar en secreto sobre el desafuero de Arnoldo Alemán, que es indispensable para que pueda ser llevado ante la justicia, a responder por las acusaciones de corrupción.
Quienes están a favor del desafuero y se pronuncian por el voto secreto en este neurálgico punto de la agenda parlamentaria, argumentan que los diputados liberales que no son sólidamente arnoldistas pero que por la razón que sea no se atreven a emanciparse de Alemán, votarían por desaforarlo en el caso de que no se conociera cómo votaron.
Pero ese mismo argumento se puede esgrimir en sentido contrario. Es decir, que con la votación secreta algunos diputados hasta ahora se han manifestado en favor del desafuero de Alemán, podrían votar en contra o en blanco. Como se sabe, algunos prominentes diputados sandinistas han dicho que no les interesa el desafuero de Alemán y que sólo lo aprobarían por disciplina de partido. Y hasta algún diputado de la bancada Azul y Blanco podría faltar a su compromiso público de votar a favor del desafuero de Alemán, si la votación se hiciera en secreto y por lo tanto fuese imposible saber quiénes finalmente lo hicieron a favor y quiénes en contra.
Quienes argumentan a favor del voto secreto en el punto del desafuero de Arnoldo Alemán, dicen también que de esa manera se protegería la libertad de conciencia de los diputados y se evitaría que fueran objeto de presiones, inclusive de la opinión pública, así como el voto secreto de los ciudadanos en las elecciones populares garantiza la libertad y la pureza democrática del sufragio.
Eso es confundir el sebo con la manteca. El ciudadano, en tanto que elector se debe únicamente a sí mismo y sólo él tiene por qué saber las razones que tuvo para votar de una manera u otra. Además, la naturaleza del sufragio para escoger a las autoridades gubernamentales es distinta a la de la votación de los diputados para aprobar una ley, un tratado internacional o cualquier decisión parlamentaria. Y aunque toda función que desarrolla el valor cívico debe ejercitarse públicamente, según lo expresaba John Stuart Mill, la realidad de las coacciones que ejercen los grupos e individuos políticos poderosos sobre muchas personas aconseja la votación secreta en las elecciones populares.
Pero en las decisiones parlamentarias el diputado no se debe a él mismo sino al pueblo que lo eligió para que lo representara en la Asamblea Nacional, y que además le paga una jugosa remuneración que sale de los impuestos, o sea de toda la gente que trabaja, produce y consume. En realidad, la transparencia es la condición fundamental e indispensable de la democracia. Eso significa que el gobierno, en términos generales, debe funcionar a la vista del público, como si estuviera en una vitrina. Y la Asamblea Nacional, que es el órgano del Estado más representativo de la población, también tiene que ser el más evidente de todos, debe desarrollar sus actividades y tomar sus votaciones ante la mirada de toda la nación, pues no son asuntos personales de los diputados los que ellos deciden, ni siquiera del interés exclusivo de sus partidos, sino que son problemas de significación nacional, porque cada ley, disposición, acción u omisión parlamentaria obliga de manera directa o indirecta a todos los ciudadanos del país.
De manera que ninguna votación de diputados debe hacerse en secreto. Votar en la Asamblea Nacional a escondidas del público equivale ni más ni menos que a salir enmascarados a la calle para plantear las opiniones políticas y las protestas sociales, o más bien a delinquir, porque quien se oculta es porque algo malo pretende hacer contra las demás personas y la sociedad.
“La única manera en que le puedo rendir cuentas al pueblo sobre mi actuación es que vea cómo voto”, dijo el diputado azul y blanco Orlando Tardecilla (LA PRENSA, martes 26 de noviembre). Una gran verdad. Y en efecto, cuando se vote a favor o en contra de desaforar a Alemán, todos los nicaragüenses deben saber cómo votó cada diputado, que tiene la obligación de asumir con valor cívico su responsabilidad ante la sociedad y la historia.