Una deuda pendiente

Fernando Centeno [email protected]

Se cumplieron trece años de la Convención Internacional de los Derechos del Niño, documento que ha marcado un importante cambio en el tratamiento hacia los temas de la niñez y adolescencia y el enfoque de los países en considerar en sus presupuestos como una inversión, y no como un gasto, los egresos que se hacen para establecer un “mundo justo para los niños”.

Éste fue precisamente el lema de la recién pasada Cumbre Mundial de la Infancia que este año reunió a jefes de Estado y de Gobierno, representantes de organismos de la sociedad civil y agencias internacionales que trabajan con este tema así como, por primera vez, niños, niñas y adolescentes de todos los confines de la tierra y donde se marcaron las pautas a seguir, para los próximos 10 años en proyectos y programas que beneficien a la población más numerosa y a la vez más vulnerable.

Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas, afirmó en esa ocasión, que a estas alturas “aún tenemos una deuda pendiente con los niños”, porque el mundo no ha podido alcanzar la mayoría de los objetivos de la cumbre mundial anterior no porque fueran técnicamente inalcanzables, sino a causa de la insuficiente inversión.

Las estadísticas reunidas en el informe del Secretario General titulado “Nosotros los niños y las niñas”, reflejan que de cada 100 recién nacidos a nivel mundial hoy en día:

— 40 no serán inscritos al nacer.

— 26 no recibirán una vacuna contra ninguna enfermedad.

— 19 no dispondrán de abastecimiento de agua potable salubre.

— 30 padecerán desnutrición durante sus primeros cinco años de vida.

— 17 no acudirán jamás a la escuela, de los cuales 9 serán niñas.

— Y de cada 100 niños que se matriculen en el primer año escolar, solamente 25 conseguirán llegar hasta el quinto grado.

Estadísticas que en caso de Nicaragua, algunas han sido superadas, pero otras aún constituyen un desafío para los gobiernos de turno de este país que tiene una población estimada (a finales del 2001) de 5 millones 205 mil habitantes donde un 53 por ciento son menores de 18 años, y entre los que se considera que:

— 33 por ciento de niños y niñas no están inscritos.

— De mil nacidos vivos 31 mueren al nacer.

— 31 por ciento padece de infecciones respiratorias.

— 13 por ciento padece de enfermedades diarreicas.

— 1 de cada tres niños padece desnutrición crónica, y un nueve por ciento, desnutrición severa.

— Del 77.1 por ciento de la tasa neta de asistencia escolar primaria, el 23 por ciento no asiste a la escuela, y un 60 por ciento de adolescentes quedan fuera del sistema escolar.

— De 175 mil niños con discapacidad, sólo el 5 por ciento recibe atención.

Una deuda pendiente constituye para el Estado nicaragüense y sus instituciones, la implementación total del Código de la Niñez y la Adolescencia que ya cumplió cuatro años, en especial en lo concerniente al funcionamiento de los juzgados penales para adolescentes, la construcción de centros especiales de readaptación, la aplicación de las medidas de prevención, el fortalecimiento del papel de la familia, la escuela y la sociedad en la formación integral del niño y la defensa del principio del “interés superior”.

Con el recorte del presupuesto la Corte Suprema de Justicia y otras instituciones responsables del cumplimiento y ejecución del código, éste tendrá que esperar más tiempo mientras continúan proliferando los niños y niñas trabajadores de la calle, los pequeños que mueren de hambre en los brazos de sus madres en la zona norte del país, la explotación sexual infantil en sus diversas facetas tales como el turismo sexual, la prostitución y otras lacras que aún están pendientes por erradicar en la agenda social.

Bien decía Burkhard Gnarid, principal funcionario ejecutivo de Save Children, que el verdadero trabajo aún no ha empezado. Que es momento convertir las palabras en acciones y para ello es necesario establecer un conjunto de acciones prácticas y puntuales para erradicar la pobreza, así como la integración de los derechos y el desarrollo de la niñez en todas las negociaciones comerciales y globales.

El autor es periodista.  

Editorial
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