Marlon Navarrete Espinoza
Durante muchos años, quizás unos 15 ó 20 años he observado que casi todos los días pasa por las noches vendiendo pan un joven de raza negra, con un español típico de los lugareños y que lo hace con mucha humildad, perseverancia y entrega; realiza su venta a pie aún a veces bajo una torrencial lluvia o inclusive muy entrada la noche, como a eso de las diez y media, exponiéndose a muchos peligros, sólo para cumplir su faena, cumplir su trabajo, obtener algo de dinero para vivir.
Por hacer esta labor nunca lo he visto amargado ni renegar de su realidad o exigiendo más de lo que puede tener o ambicionando más allá de sus propios deseos y de su realidad. Siempre ha sido amigable y atento. Desde que era niño le he visto el rostro contento.
La gente humilde sufre muchas privaciones, su vida y su juventud se deterioran rápido por el arduo trabajo que realizan y en las duras condiciones en que se desenvuelven, pero a la vez esos ciudadanos humildes son los héroes modernos del país, porque ellos con su sacrificado trabajo hacen Patria, construyen la Patria y hacen posible que la sociedad camine, a como ellos caminan con el peso de su trabajo diario, por largos años, sin ganar cantidades enormes de dinero, pero sí muy satisfechos de ser útiles, de tener empleo y de vivir la vida en la realidad, sin estar amargados renegando de la misma, pero siempre añorando y anhelando un mejor futuro.
Ellos son un ejemplo como tantos miles más como ellos y que precisamente con esa entrega humilde y sacrificada se convierten en ciudadanos heroicos ante todos nosotros, sobre todo de aquéllos que sin esforzarse quieren ganar dinero fácil y rápido o enriquecerse a costa de la explotación de otros o pasando por encima de la honra de otras personas.