Diputados liberales

Jorge Salaverry*

La inclaudicable y tenaz lucha que Nicaragua está librando contra el terrible mal de la corrupción gubernamental no ha pasado desapercibida ante los ojos del mundo. Para orgullo de muchos conciudadanos —y disgusto de unos pocos—, nuestro país se ha convertido en un símbolo de esperanza para todos los pueblos latinoamericanos que sufren ese mismo mal.

Así lo demuestra la declaración que suscribieron la semana antepasada los presidentes de América Latina, España y Portugal, que participaron en la cumbre de mandatarios iberoamericanos que se celebró en República Dominicana. En esa declaración los presidentes expresaron: “valoramos de manera particular la lucha contra la corrupción que libran el pueblo y el gobierno de Nicaragua en su objetivo de crear un nuevo ambiente de ética pública, moral, y social, que permita sentar las bases necesarias para que el pueblo de Nicaragua pueda alcanzar mejores condiciones de vida”. Recogiendo ese sentimiento, el diario guatemalteco, Siglo XXI, en su opinión editorial del domingo 17 de noviembre señaló que “Para el momento crucial que vive Centroamérica en su lucha contra el flagelo de la corrupción… es trascendental que el presidente Bolaños tenga éxito”.

Pero hay más; los distintos pronunciamientos que los diplomáticos acreditados en Nicaragua han emitido en apoyo al presidente Enrique Bolaños —que encabeza la guerra contra la corrupción—, han sido firmes y claros, y no dejan ninguna duda de que desean, al igual que la vasta mayoría del pueblo nicaragüense, que en nuestra Patria triunfe la honestidad y la transparencia.

Hace poco más de un año, el electorado nicaragüense hizo gala de sensatez y buen juicio político cuando eligió como Presidente de la República al ingeniero Enrique Bolaños. Durante la campaña electoral, el entonces candidato prometió que cuando estuviera en el poder lucharía contra la corrupción, y nadie puede alegar que no esté cumpliendo su promesa. Desde que asumió el poder, tanto él como su equipo de gobierno, se han dedicado a trabajar en beneficio del pueblo y no a enriquecerse, como lo hicieron muchos altos funcionarios del gobierno anterior tan pronto fueron electos o nombrados. No hay duda de que hemos avanzado bastante en ir dejando atrás la nauseabunda peste, pero la lucha todavía está inconclusa.

En la Asamblea Nacional se refugia todavía el Dr. Arnoldo Alemán, acusado judicialmente de múltiples cargos de corrupción y señalado por el pueblo como responsable de haber orquestado la pavorosa corrupción que caracterizó a su gobierno. Pero como es sabido, para poder llevarlo a los tribunales de justicia es necesario primero que sea despojado de su inmunidad parlamentaria, algo que sólo los señores diputados pueden hacer.

A sabiendas de que ese momento podría presentarse en el futuro, Alemán tuvo especial cuidado de escoger como candidatos a diputados del PLC a personas fundamentalmente sumisas y manejables. Aunque no todos resultaron como él esperaba, puede decirse que hizo una “buena” elección, porque todavía hay una mayoría de ellos que lo sigue protegiendo.

Ahora que se supone que sólo faltan uno o dos votos para lograr su desafuero, no he podido menos que recordar la sugerencia que durante la campaña electoral hicimos algunos de votar cruzado, es decir, por don Enrique para presidente y por los candidatos conservadores para diputados. Si así lo hubiéramos hecho no estaríamos hoy lamentando la situación que se vive en la Asamblea Nacional.

Pero bueno, eso ya es historia, y lo importante ahora es hacer que nuestro país triunfe sobre la corrupción para que siente —como bien dijeron los presidentes iberoamericanos en República Dominicana—, “las bases necesarias para que el pueblo de Nicaragua pueda alcanzar mejores condiciones de vida.”

El que se logre o no lo anterior depende de unos cuantos diputados liberales, asumiendo que los de otros partidos que han dicho que votarán por el desafuero no se echen para atrás a última hora. Ellos pueden optar por seguir protegiendo a Alemán y condenar a Nicaragua a que internacionalmente sea vista como incapaz de derrotar la corrupción, con todas las consecuencias negativas que eso tendría para el país, o, por el contrario, abrir con su voto por el desafuero las puertas a un futuro promisorio y próspero para el bien de todos.

Yo todavía tengo esperanzas de que hay algunos de esos diputados que lograrán ver que lo que más le conviene a Nicaragua, al PLC, y a ellos mismos, es apoyar al presidente Bolaños, al igual que lo hace la mayoría del pueblo, el sector privado y la comunidad internacional. La ciudadanía y la historia los juzgarán.

* El autor es miembro del Consejo Editorial de La Prensa y catedrático de la Universidad Thomas More.
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