La misa campesina, como un fantasma

Élida Z. Solórzano*

Una vez más los católicos somos insultados por la imprudencia de miembros del gabinete de gobierno. Esta vez se ha levantado un fantasma de pesadilla que lo fue para una enorme cantidad de nicaragüenses. Es el recuerdo de tiempos funestos, de grandes sufrimientos y persecución, especialmente de los que formamos la Iglesia Católica. ¿Es que no le importa o es que el Ministerio de Salud (Minsa) no tiene memoria? ¿O simplemente asunto de malos asesores?

Como si no hubiera riqueza de temas y artistas nicaragüenses que no ofenden a nadie ni instrumentalizan la religión para propagar una ideología, el Minsa ha optado por presentar en el Teatro Nacional con el fin de recaudar fondos para los niños pobres de Matagalpa, un conjunto de canciones alusivas a diferentes partes de la Santa Misa Católica, que su autor llama “La misa campesina”, pero que es un compendio de la ideología marxista-leninista-sandinista. Es el conjunto de cantos de la misa de la Iglesia Popular y hasta la fecha es prohibida por la jerarquía de la Iglesias Católica.

Quizás los organizadores de este evento no son católicos ni vivieron la década nefasta de los años ochenta en Nicaragua. El hecho es que con “La misa campesina” nos traen imágenes macabras como la lámina grotesca del Viacrucis de Solentiname, de un “Cristo” crucificado totalmente desnudo ostentando un pene gigante, llevando apenas en su cabeza la boina de Ernesto Cardenal o del Ché Guevara; en otros casos un guerrillero con todo y rifle clavado en una cruz. Este era el Cristo que nos presentaba la Iglesia Popular, moneda falsa que usaron los sandinistas para tratar de engañar al pueblo cristiano humilde. Pero no lo lograron aunque siguen trabajando bajo disfraces un poco diferentes.

Esta “misa” en el Teatro Rubén Darío es otro triunfo para los enemigos de la Iglesia Católica y es el fantasma que nos devuelve a los años de pesadilla. En esta “misa” Dios es excluyente, es sólo de los pobres. Por eso, campesinos y obreros le piden que se identifique “no con la clase opresora que oprime y devora a la comunidad sino con el pueblo oprimido”; como si Dios no vino para salvar a todo el que lo busca y todos necesitamos de esa salvación. Su canto de Gloria comienza al son de “La pobre Mama Ramona, la gran vaina le pasó” y le pide al Señor que “ilumine nuestro cielo en la fiesta popular” que para su autor es la misa. Por supuesto que en “La misa campesina” Dios no da su vida por la salvación de los pecados de toda la humanidad sino que lo hace “combatiendo al opresor”. Y Cristo no es obediente hasta la muerte en la cruz, ni manso y humilde sino que se le alaba por “mil veces” porque fue “rebelde”, por ser el “pencón” y el “tayacán”. ¿Entonces, cómo acabó en la cruz? Es igual que con los judíos, se busca un mesías político.

Me pregunto ¿qué motivará a este gobierno a tratar a la Iglesia Católica como si no mereciera respeto? Millones de nicaragüenses así lo reconocemos, millones que votamos por don Enrique Bolaños. Y el mal ejemplo se pasa… ahora se piensa que se puede criticar a la jerarquía cuando se cree que se está metiendo en lo que no es propiamente eclesial. ¿Ignorancia o mala fe? ¿Acaso no tenemos todos los cristianos el mandato de ser “Luz y Sal de la Tierra” y de no poner nuestra lámpara debajo de la cama sino donde todos la vean? Y si alguna vez algún sacerdote u obispo se llegara a equivocar… creo que todos podemos estar de acuerdo que siempre es un canalla el hijo que habla mal de su madre. Podemos entristecernos y tratar el asunto con ella… pero, señores, a todos los que no lo sepan, para los verdaderos católicos, la Iglesia es nuestra Madre. ¡No nos toquen a la Madre!

Pablo Antonio Cuadra en su poema 1984 dice: “Vivo en un país entristecido… En el esquema no cabe el buen Dios… Pero sí la felicidad… Inventa paraísos y te quemará su infierno”. La teología de la liberación y su Iglesia Popular que inspira a “La misa campesina” por muy hermosa que sea su música, lleva la letra de una herejía marxista, atea. Creo que el gobierno no necesita reforzar algo tan negativo. No inventemos paraísos para no quemarnos en su infierno.

*La autora es socióloga
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