Las páginas de Opinión

Julio Ruiz Quezada

Si me tocara elegir entre todas las páginas de Opinión del Diario LA PRENSA en el presente año, no dudaría en escoger como la mejor la del sábado 16 del corriente, en la que se publican cuatro interesantes artículos de contenido político religioso y socioeconómico, encaminados al mismo fin: señalar las causas de la grave crisis política porque atraviesa el país.

Eduardo Enríquez, notable analista político, en su columna “Blanco y Negro” se remonta hasta el Génesis, cuando Abraham no pudo conseguir diez justos para salvar a Sodoma y Gomorra, moralmente destruida por la actitud de un pueblo corrupto que no acataba las leyes de Dios e infringía las normas morales. Enríquez encuentra una similitud entre ese hecho y en el que no ha permitido al señor presidente de la República, Ing. Enrique Bolaños, conseguir diez diputados justos, para que los diputados despojados de su inmunidad, puedan comparecer para ser juzgados ante los Tribunales de Justicia.

Por su parte el señor Armando Lau, sostiene que “los sistemas y las creencias organizadas con sus jerarquías no son la puerta principal para entrar en la dimensión espiritual”, coincidiendo con el notable artículo del fundador de la CPDH, y ex sacerdote jesuita, Lic. José Esteban González, que señala las funciones de la Conferencia Episcopal, diciendo que “constituyen una instancia de coordinación y solidaridad”, pero nada comparada con el poder de los obispos que les deviene de ser “los sucesores directos de los apóstoles”, concluye el Lic. González, manifestando que los políticos deben abandonar la mala costumbre “de manipular a los pastores del rebaño de Cristo”.

El teólogo Ernesto Cuadra, en su artículo “Avivamiento Evangélico”, se basa en 2da. de Crónicas 7:14; para pedirle al pueblo que oremos a Cristo para que se pueda rectificar los malos caminos, conseguir el perdón y extirpar los males como la pobreza extrema, el desempleo, la inseguridad, falta de salud que afligen al pueblo de Nicaragua.

Por tanto los cuatro coinciden en que el problema de Nicaragua es que han perdido los valores morales y espirituales y que los líderes políticos en un afán desmedido de enriquecimiento, muchas veces ilícito y de poder, han actuado no a favor de su pueblo sino en contra de sus intereses.

Es vergonzoso que el producto de nuestros impuestos y las donaciones de países amigos se haya desviado hacia cuentas personales, es condenable que se trafique con la miseria del pueblo, es censurable que mientras existen funcionarios que ganan salarios altísimos, fuera de la realidad económica del país, exista un millón y medio de nicaragüenses sumidos en el hambre y la miseria.

Las culpables no son la ideologías políticas, hay que buscar los culpables en los hombres que han gobernado. Paradójicamente el pueblo considera más inteligente a los políticos cuando hacen más ostentación de poder; las grandes diferencias económicas entre los funcionarios públicos y el pueblo las toma erróneamente como signos de capacidad, cuando debiéramos pregonar que esas diferencias son únicamente producto de la corrupción.

No puede haber paz sin justicia, el perdón sólo se consigue previo arrepentimiento y reparación del mal causado. No es tiempo de perder la fe, los nicaragüenses pueden superar la actual crisis y sus consecuencias económicas, pero deben hacerlo poniendo la ética encima de la política y jamás vincular la felicidad del pueblo a los intereses que se mueven desgraciadamente aún en las altas esferas eclesiales de todos los signos.

Con el arrepentimiento Dios puede volver sus ojos hacia nuestra desgraciada Patria.

El autor es abogado.  

Editorial
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