Ortega y Obando insisten en un diálogo nacional

Carlos Quiñónez Torres

Vuelve la mula al trigo. Claro que el diálogo es siempre aceptable porque es inherente al ser humano. Sólo los animales aplican la ley de la selva. Qué lástima que todavía no llegamos a comprender que en la ignorancia y en la manera de ser está el embrollo.

Los que hoy piden el diálogo han hecho mucho mal a Nicaragua, incluyendo a los líderes de la Iglesia. Los líderes son buenos o malos; cuando son buenos hacen mucho bien a su pueblo, cuando son malos son dañinos. Algunos de esos líderes máximos o indiscutibles han hecho gobiernos catastróficos en el mundo. En los Estados Unidos de Norteamérica no existen líderes de partidos; cuando un ciudadano es electo Presidente de la nación, se dedica a gobernar para todos, pero aquí las cosas son distintas, el que gana las elecciones, bien pronto muestra su identidad de cacique, toma el poder para mandar, no para gobernar y los que le rodean le apodan de diferentes maneras; líder indiscutible, líder máximo, etc. o gritan: “No te vas te quedás”.

¿Acaso la historia no sirve para nada? Digo esto porque vuelve la cantaleta del diálogo y ahora con el mito del consenso. ¿Consenso de quiénes y para qué? ¿Ya se olvidaron de la última revolución que dejó muerte, atraso y miseria? Al parecer aquellos muchachos eran ignorantes con poder, gobernaron desde abajo, co-gobernaron después y finalmente hicieron el pacto con Alemán que hoy tiene embrollado al gobierno actual. Quebraron la institucionalidad de la nación, partidizaron las instituciones y se repartieron el botín. ¿Pareciera que no se coge la seña, verdad?

El líder máximo está acusado de corrupción, malversación y otras cosas más, siempre será culpable mientras no demuestre su inocencia ante la justicia, y llevará ese estigma toda su vida. Está descartado. Los que lo rodean no tienen estatura de dialogantes. ¿Habrá otros políticos que tengan soluciones qué ofrecer? Con tan malos líderes no se dialoga. La Iglesia dice que no se mete en política, eso estaría bien, si sólo predicaran desde el púlpito la doctrina del amor que les enseñó Cristo y que no olvidaran lo que también les dijo. “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

El líder que trata de cambiar el statu-quo, entra en problemas, tanto más graves, cuanto mayor es la corrupción descubierta y llega al estado de crisis, que sólo resuelve si sabe resolver los problemas sociales y económicos de su pueblo. ¿Quién de todos estos que reclaman diálogo, resolverá el déficit presupuestario de cuatro mil millones de córdobas por año?

El diálogo propuesto será un bla-bla-bla, porque la situación social y económica heredada de esos interlocutores, no tiene solución a corto plazo.

Lo que tiene que hacer la sociedad civil es que los legisladores recobren la institucionalidad perdida, que la Corte Suprema de Justicia castigue a los ladrones y corruptos. Los diálogos de los pueblos democráticos se hacen en el Parlamento, cuando lo forman representantes capaces y honestos, que anteponen sus intereses personales ante el bien de los demás.

“La política y los políticos son la maldición de los pueblos pobres”. En los Estados Unidos de Norteamérica, los presidentes se retiran a la vida privada, crean una Fundación y desde allí siguen haciendo el bien.

Don Enrique debe llamar a su pueblo a un referéndum y consúltele. En mi opinión todo diálogo debe ser para apoyar el plan del gobierno actual, para acordar una tregua de paz social y jurar por la Patria no pretender más co-gobernar. Si así lo hicieran que Dios los bendiga a todos ellos y los bendiga para siempre.

El autor fue presidente de Conapro e Inde.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí