En defensa del diputado Avellán

Guillermo Miranda Martínez

He querido hacer públicas estas líneas debido a la trascendencia que los medios de comunicación le han dado a la enfermedad de mi amigo Fernando Avellán. Muy pocos conocen la verdadera personalidad de Fernando que aunque parezca rudo, iracundo e impredecible, en realidad es una persona noble, con gran sentido de la amistad y comprometido como pocos con la democracia, la conformación de un verdadero estado de derecho y el apoyo decidido a las clases más marginadas de Nicaragua.

Cuando los sucesos de Solka y el desafortunado incidente de la rotonda Rubén Darío no dudé en ofrecerle mi apoyo, en cambio sus enemigos de siempre en el FSLN satanizaron de inmediato ambos incidentes y en ambas ocasiones movieron sus tentáculos en el Poder Judicial para tratar de hundirlo mediante la manipulación de sus jueces.

Hoy veo a un Fernando Avellán confundido, abrumado por la responsabilidad que se ha echado sobre sus hombros y a una cantidad de buitres y falsos amigos que aprovechándose de esa nobleza que le caracteriza se rasgan sus vestiduras para hacerle creer que les preocupa su salud. Y éste es el verdadero motivo de estas líneas.

El Fernando que tengo quince años de conocer, ha sido liberal de toda la vida y es fiel creyente de aquello de que todos somos iguales ante la ley. Por eso se despojó de su inmunidad y estoy seguro que ese mismo sentimiento lo impulso a ofrecer su voto para el desafuero del doctor Alemán.

Pero de ese momento a esta fecha, ha pasado demasiada agua bajo el puente y estoy seguro que a estas alturas ya se habrá dado cuenta que lo que comenzó como un sano ejercicio democrático necesario, se volvió en una cacería de brujas contra el doctor Alemán y el Partido Liberal. Los que abanderan la lucha contra la corrupción son en su gran mayoría los más corruptos y en el pasado fueron culpables de todo tipo de atrocidades.

Por otro lado tenemos a toda suerte de oportunistas que lo están utilizando como instrumento de venganzas personales. No creo que al FSLN le importe un comino la salud de Fernando, como tampoco creo que a nadie en el gobierno le importe si su corazón deje de latir un minuto después de votar sí al desafuero. Personalmente he sido testigo de las frustraciones que siente cuando se da cuenta que este gobierno está muy lejos de ser un gobierno liberal, cuando ve en casi todos lo puestos importantes a nuestros adversarios políticos, cuando ve a la gran mayoría de las bases del liberalismo traicionadas y totalmente alejadas del Ejecutivo.

Todas estas actitudes en su gran mayoría politiqueras habrán hecho mella en su conciencia. Las recientes declaraciones de don Enrique de que ya no se despojaba de su inmunidad evidencia que también el presidente Bolaños no confía en la justicia, la persecución contra el liberalismo, el cierre de La Poderosa, la cancelación de la línea de buses al diputado Quiñónez, etc.

Para aquéllos que creen que Fernando es tonto o imbécil, les tengo una mala noticia ya que no es ni una cosa ni la otra y hace tiempo que se dio cuenta que estaba siendo utilizado. Personalmente creo que Dios le envió una señal y le dio el tiempo necesario para rectificar, así como también estoy seguro que el calor de su familia, sus hijos y lejos de los falsos halagos e influencias le harán reflexionar. Por si fuera poco, el frentismo cree que no permitiéndole a la juez fallar el caso de la rotonda Rubén Darío pueden presionarlo pero se equivocan si creen que Fernando nació para ser rehén. Igualmente no creo que en la decisión que tome al final esté de por medio dinero alguno.

Por mi parte espero que regrese cuando su conciencia y su corazón se lo dicten, y espero que esta segunda oportunidad que Dios le ha dado, la sepa aprovechar para el bien de los suyos y de Nicaragua. No muchos tenemos la suerte de tener una segunda oportunidad.

El autor es secretario político del PRN.  

Editorial
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