¿Qué les pasa a los liberales?

Carlos Cardenal

Quisiera ser más propositivo y si se quiere más positivo en mis escritos de diletante político, haciendo gala de una mayor tolerancia, que por el momento no está a mi alcance poner de manifiesto, dada la vorágine y el turbulento accionar de algunos miembros del PLC, ocupando puestos en los poderes del Estado.

En ningún momento me parece idónea la conducta del jefe de bancada liberal Dr. Pedro Joaquín Ríos, no por sus malacrianzas y exabruptos parlamentarios, más propios de un pandillero que de un digno representante del pueblo, sino por sus descarriadas declaraciones sobre diversos tópicos, y en especial aquéllas que se refieren al presidente Ing. Bolaños, a quien peyorativamente se dirigen con epítetos ofensivos, sugiriendo con inaudita desvergüenza que debe renunciar a su cargo, asumiendo un rol de sediciosos que acechan flagrantemente contra la institucionalidad, que todos estamos tratando de construir, contra viento y marea.

Estos desplantes de insolencia contrarían la inmensa y abrumadora voluntad de un pueblo que eligió a don Enrique y que ve en él a un ciudadano modelo, listo a defender los más sagrados derechos de los nicaragüenses y el acervo moral de la Patria, que algunos han querido mancillar con conductas irreverentes y poco edificantes. No es un secreto que don Enrique, pese a las diferentes lecturas que se hagan de su gestión administrativa, continúa siendo un líder indiscutible, no tanto del PLC, sino más importante aún, de la mayoría de los nicaragüenses honrados.

Observo también con reservas la actitud del diputado Fernando Avellán, quien nos ha querido sorprender con una inesperada cardiopatía y sobre todo, con unas declaraciones en Miami, donde, con sibilinas palabras, hace pensar que ya no está al lado de los que piden y esperan justicia, en el caso del desafuero, aduciendo una serie de consideraciones que para mí y para muchos, resultan contradictorias o más bien son un eufemismo de la puesta en marcha, hacia atrás, de la patriótica iniciativa, que él, en un principio parecía promover. No sé si este diputado es liberal, ni tampoco el Dr. Pedro Joaquín Ríos, a pesar de estar inscritos en ese partido. Ambos me traen reminiscencias de un somocismo, que quiere volver con su buena dosis de servilismo y ninguna de verdadera ideología liberal.

Finalmente y segregando al Dr. Rizo de estas últimas connotaciones, me sorprenden sin embargo, sus recientes declaraciones, en lo referente al desafuero, que expresó, si no me equivoco de la siguiente manera: “mal haría yo siendo un miembro prominente del Poder Ejecutivo si me pronuncio a favor del desafuero del Dr. Alemán; eso es un asunto que compete sólo al Poder Legislativo”. Con ello me parece que el Dr. Rizo quiere retornar al redil del cual con razón o no, se salió hace algunos meses. No soy intérprete de las voluntades, ni de los designios políticos de los altos funcionarios de este país, pero sí creo que el asunto de la desaforación antes mencionado es un tema que incumbe a todos y cada uno de los ciudadanos de un país altamente afectado por la corrupción.

El más vehemente luchador en este caso, ha sido precisamente, el presidente Bolaños, como buen nicaragüense que es, y como lo debería estar haciendo el Dr. Rizo, también en su calidad de nicaragüense que es y siempre ha sido, pese a las telas de duda que pretendieron tejer algunos de sus propios correligionarios sobre la validez del fuero máximo que posee un ser humano y que es su ciudadanía. Ésta fue cuestionada, no sólo por los Montesinos de su partido, sino también por los Fujimori.

Cabe agregar que un Vicepresidente de la República debe apoyar y correr suerte pareja con su Presidente, en jornadas que exigen el imperio de la justicia en la preservación y consolidación de los más altos valores ciudadanos. No apoyarlo, constituiría una deslealtad, tanto al jefe del Estado como a la nación misma.

No me parece por lo tanto, que el liberalismo, doctrina de libertades y transparencias abiertamente consignadas en su ideario, se esté encarnando en miembros de ese partido que enturbian y menoscaban la dignidad de un parlamento, como es el caso de Ríos y Avellán y no contribuyen al establecimiento de la institucionalidad, como en el caso del Dr. Rizo, de quien me extraña esta actitud ambivalente y en claro distanciamiento con su perfil político de consumada habilidad, valor cívico y manifiesta consecuencia con los mejores intereses de la Patria.

El autor es lingüista.  

Editorial
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